Josefina asintió. No había forma de negarse a esa petición.
Lori, observando la escena con confusión, preguntó en un susurro:
—Jose, ¿quién es Jimena?
Josefina la miró y tecleó rápidamente en su celular:
—La hija de mi abuela.
Lori abrió los ojos de par en par.
—¿Entonces ella es tu...?
Josefina volvió a negar con la cabeza y el celular reprodujo:
—No soy su hija biológica.
Lori asintió, comprendiendo la situación, y no dijo más.
Josefina subió al segundo piso y, justo en ese momento, se cruzó con Vicente Gutiérrez, quien salía enfurecido del estudio. Ella se hizo a un lado para dejarlo pasar, con la mirada baja, evitando cualquier contacto.
Sabía que no le agradaba, así que no iba a forzar ninguna interacción.
—¡Hmpf!
Vicente le lanzó una mirada gélida, resopló con desprecio y bajó las escaleras a toda prisa para marcharse.
Josefina llamó a la puerta del estudio y, tras escuchar la voz tranquila de Benjamín dándole permiso, entró.
De pie junto a la puerta, tecleó en su celular y la fría voz electrónica llenó el espacio:
—Jimena falleció. Mi abuela quiere ir a verla, así que la voy a acompañar.
Benjamín se puso de pie por instinto.
—Voy contigo.
—No es necesario.
Los dedos de Josefina se movieron a toda velocidad por la pantalla.
—Regresaremos pronto. Solo vamos a despedirnos.
Benjamín asintió, resignado.
—Está bien. Le diré a Felipe que las acompañe.
Josefina fue a cambiarse de ropa. Al bajar, vio que la abuela Lidia también se había puesto un vestido negro.
A la anciana le temblaban tanto las manos que no podía abotonarse. Josefina se acercó y la ayudó con los botones.
La abuela la miró con el rostro pálido y los ojos llenos de un dolor inocultable.

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Comentarios
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