—Pero bueno, por otro lado, si te portas bien, Benjamín, y tratas de enmendar tus errores con Jose, todavía tienes oportunidad —Lorena dio un giro de ciento ochenta grados en su discurso y miró a Josefina con una sonrisa enorme—. Al final del día, ustedes siguen siendo esposos. Cualquier otra cosa pueden discutirla cuando ya no haya papeles de por medio.
Josefina la miró con recelo; sentía que Lorena había estado actuando muy raro en los últimos días.
¿Por qué de repente estaba abogando por Benjamín?
¿Acaso no lo detestaba hace poco?
Bajo la mirada escrutadora de Josefina, Lorena sintió una punzada de culpa. Se frotó la nariz, apartó la mirada, se aclaró la garganta y dijo:
—Ejem... digo, solo estoy dando mi opinión desde una perspectiva externa, no tienen que hacerme caso.
Josefina tomó su celular y tecleó:
—Lo que dices tiene sentido. Hasta que no se resuelva lo que tenemos pendiente, no voy a pensar en asuntos románticos.
Lorena respiró aliviada en secreto. ¡Había sentido que sus neuronas se freían intentando arreglar la situación!
¡Dios, qué difícil era cambiar el rumbo de la conversación así de la nada!
Pero, afortunadamente, ¡había salido ilesa!
Se felicitó a sí misma. ¡Ese dinero sí que le estaba costando sudor!
No había mentido descaradamente, pero tampoco había contradicho la postura de él.
¡Lorena se sentía la mejor negociadora del mundo!
Sin embargo, Benjamín no parecía nada conforme con la respuesta de Josefina. Sabía que no podía presionar más, o de lo contrario, ella se enfadaría.
El auto se sumió en un profundo silencio.
El chofer los llevó directo a Residencial Valle Niebla. Josefina acompañó a Benjamín hasta la puerta y le escribió en el celular:
—Voy a salir a dar una vuelta con Lori. ¿Quieres que te traiga algo?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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