Una expresión de preocupación apareció en el rostro de Luisa, quien miró a Benjamín como si quisiera decirle algo, pero al final guardó silencio.
Manuel la miró por unos instantes, pero apartó la mirada rápidamente.
Cuando sirvieron todos los platos, el grupo empezó a comer. Benjamín y Manuel no volvieron a lanzarse comentarios.
Al menos dejaron que la comida transcurriera en paz.
Después de comer, Manuel anunció:
—Jose, me retiro primero. Tengo muchas cosas que hacer. Otro día salimos con más tiempo.
Josefina asintió.
—De a-cuer-do.
Luisa también se puso de pie.
—Josefina, yo también me voy.
Josefina le dio un abrazo y escribió en su celular:
—Esfuérzate en el trabajo. Si necesitas algo, no dudes en escribirme.
Luisa asintió y bajó las escaleras.
Lorena se volvió hacia ella.
—Jose, ¿vamos a casa a descansar? Te ves un poco pálida, ¿estás muy cansada?
—Sí.
Josefina asintió.
Benjamín se puso de pie.
—Entonces volvamos juntos.
Todos bajaron y se separaron, subiendo cada uno a sus respectivos vehículos.
Luisa planeaba ir en el metro, pero, poco después de empezar a caminar, un automóvil se detuvo a su lado. La ventanilla bajó, revelando el rostro apuesto y amable de Manuel.
—Luisa, sube. Te llevo.
Luisa agitó las manos rápidamente.

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