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La novia Rechazada romance Capítulo 102

El hombre misterioso soltó una risa baja, casi burlona.

—Dime, Carttal… ¿qué harías si descubrieras que Aslin no es quien crees?

Carttal apretó los puños.

—No juegues conmigo.

El hombre inclinó la cabeza.

—Aslin pertenece a la familia Lisboa. Su madre era Isabela Lisboa, la heredera de un imperio de bioquímica. La usaron para sus experimentos. Su existencia… nunca fue su elección.

Las palabras golpearon a Carttal como un puñetazo en el estómago. ¿Aslin, hija de los Lisboa? Era imposible. Y sin embargo, tenía sentido. Su sangre, su importancia para esos bastardos…

—Mientes —gruñó Carttal.

—¿En serio? ¿Por qué crees que la estaban buscando? No es solo por lo que lleva en su sangre… es por quién es.

Carttal se quedó helado por un segundo. Luego, sin pensarlo, cerró el puño y golpeó al hombre con toda su fuerza.

El crujido del impacto resonó en la habitación. El hombre cayó de costado, escupiendo sangre.

—¿Eso es todo? —susurró con una sonrisa teñida de sangre.

Carttal lo tomó del cuello de la camisa y lo obligó a mirarlo.

—Aslin no es un experimento. No es un objeto.

Los ojos oscuros del hombre brillaron con algo parecido a la diversión.

—No para ti. Pero para ellos… siempre lo fue.

Carttal lo soltó con asco.

—Llévenselo —ordenó con voz fría.

Ethan y Kael asintieron. Lo arrastraron fuera de la habitación junto con Sibil.

Horas después

Carttal observó en silencio cómo los guardias aseguraban las celdas. La prisión de máxima seguridad los retendría de por vida. Ni Sibil ni el hombre misterioso volverían a caminar libres.

Pero la guerra no había terminado.

Ahora, debía enfrentar una verdad más peligrosa.

Aslin no era solo la mujer que amaba.

Era la hija de su enemigo.

Capítulo Continuación

Carttal permaneció de pie frente a la prisión de máxima seguridad, observando cómo las enormes puertas se cerraban detrás de Sibil y el hombre misterioso. Sus siluetas desaparecieron en la penumbra del pasillo de concreto y acero. No volverían a salir. No volverían a lastimar a Aslin.

Pero la inquietud persistía en su pecho.

Ethan se acercó, cruzándose de brazos.

—No me gusta esa mirada —comentó.

Carttal exhaló con fuerza, tratando de calmar la tormenta en su mente.

—Aslin es una Lisboa —dijo, finalmente, con la voz cargada de incredulidad.

Ethan asintió, sin sorprenderse demasiado.

—Todo encaja. Su sangre, la obsesión que tenían con ella…

Carttal pasó una mano por su rostro.

—Pero eso significa que su madre…

—Era Isabela Lisboa —confirmó Ethan.

—Aslin, tu madre era Isabela Lisboa.

La habitación quedó en silencio.

Los ojos de Aslin se agrandaron, y su respiración se volvió errática.

—No… No puede ser…

—Lo es. Usaron tu sangre para experimentos. Y querían recuperarte.

Aslin llevó una mano a su vientre, como si intentara proteger a su bebé de esa verdad.

—¿Eso significa que mi padre también…?

Carttal dudó antes de responder.

—No lo sabemos aún. Pero si tu madre era la heredera de los Lisboa, eso te convierte en…

—Una de ellos —susurró Aslin, con la voz quebrada.

Carttal vio el miedo en sus ojos.

Él no permitiría que nada ni nadie la lastimara.

Se inclinó y la abrazó con fuerza.

—No eres ellos, Aslin. No importa tu apellido. No importa lo que hayan hecho contigo.

Ella se aferró a él.

Pero en su interior, el miedo se arraigaba más profundo.

Porque si los Lisboa descubrían que su heredera aún vivía…

Jamás la dejarían en paz.

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