El momento de elegir los nombres había llegado, y la tensión en la habitación era real. Carttal y Aslin estaban sentados en la cama, con los tres pequeños dormidos en la cuna improvisada junto a ellos. Ethan, que se había convertido en un espectador involuntario de la escena, estaba recostado en una silla con una taza de café en la mano.
—Bien —dijo Carttal, entrelazando sus dedos mientras miraba a los bebés—. Necesitamos nombres fuertes, con carácter. Algo que imponga respeto.
Aslin arqueó una ceja.
—Son bebés, Carttal, no líderes de un cartel.
Ethan se rió, casi escupiendo su café.
—Tienes que admitir que tiene un punto.
Carttal suspiró, ignorándolos.
—Voy a empezar con el mayor. Es el más ruidoso, el que manda, así que necesita un nombre que lo represente.
Aslin lo miró con los ojos entrecerrados.
—Si dices algo como "Máximo" o "Dominante", me voy a reír en tu cara.
Carttal frunció el ceño.
—No iba a decir eso…
—¿Ah, no? —Aslin cruzó los brazos—. Entonces, dime qué estabas pensando.
Carttal se quedó en silencio unos segundos y luego murmuró:
—Titan.
Aslin lo miró fijamente antes de estallar en carcajadas.
—¡Dios mío! ¡Sabía que ibas a decir algo así!
Ethan ya estaba doblado de la risa en la silla.
—¡Titan! Como si fuera un guerrero legendario o algo así.
Carttal rodó los ojos.
—Bueno, si tienes una mejor idea, soy todo oídos.
Aslin respiró hondo para calmarse y miró al bebé dormido.
—¿Qué te parece Liam? Es fuerte, pero no suena como el nombre de un luchador de la WWE.
Carttal se quedó pensativo y luego asintió.
—Liam… sí, me gusta.
Ethan levantó su taza en un gesto de aprobación.
—Uno menos. Ahora faltan dos.
Aslin sonrió y miró a la niña.
—Nuestra princesa —susurró, acariciando su pequeña mejilla—. Quiero que tenga un nombre elegante, pero que también sea fuerte.
Carttal inclinó la cabeza, observándola.
—¿Qué tal Isabella?
Aslin sonrió con ternura.
—Me gusta. Es hermoso.
—Además, suena como el nombre de alguien que podría liderar un ejército —añadió Carttal con una sonrisa satisfecha.
Ethan dejó escapar un suspiro.
—Ustedes en serio tienen una obsesión con los nombres poderosos.
—No es mi culpa que mis hijos vayan a gobernar el mundo algún día —replicó Carttal, encogiéndose de hombros.
Aslin puso los ojos en blanco pero no pudo evitar sonreír.
—Muy bien, entonces nos queda el más pequeño.
Los tres miraron al bebé más tranquilo, quien dormía sin preocupación alguna.
—Este niño es la paz en persona —dijo Ethan—. Deberían llamarlo Zen o algo así.
Carttal bufó.
—Ni en broma.
Aslin sonrió mientras observaba al bebé.
—¿Qué tal Noah? Es suave, tranquilo, pero tiene presencia.
Carttal lo probó en su mente varias veces antes de asentir.
—Liam, Isabella y Noah. Me gusta.
—¡Por fin! —exclamó Ethan—. Me estaba preocupando que Carttal intentara llamarlo "Espartano" o algo por el estilo.
Carttal le lanzó una almohada, pero Ethan la esquivó con una carcajada.
—Bueno, ahora que oficialmente tienen nombres, podemos dar por terminado el debate más intenso que hemos tenido —dijo Aslin, suspirando de alivio.
Carttal la rodeó con un brazo y la acercó a él.
—Debo admitir que no estuvo tan mal.
Aslin apoyó su cabeza en su hombro y sonrió.
—¿Ves? Elegir nombres no es tan difícil cuando no intentas que suenen como guerreros antiguos.
Carttal la besó en la frente y miró a sus hijos, su familia.
—Liam, Isabella y Noah —repitió en voz baja, como si estuviera probando cómo sonaba juntos—. Van a hacer historia.
Ethan se levantó de su silla y se estiró.
—Sí, sí, pero primero intenten dormir al menos una noche completa antes de preocuparse por eso.
Los tres rieron juntos, disfrutando de aquel momento en el que, por primera vez en mucho tiempo, la felicidad superaba a la preocupación.
***
La vida con tres bebés recién nacidos era un caos hermoso. Carttal y Aslin apenas tenían tiempo para dormir, pero cada momento con Liam, Isabella y Noah valía la pena.
Una mañana, Carttal intentó cambiarle el pañal a Liam por primera vez sin ayuda de Aslin.
—No puede ser tan difícil —dijo con confianza, acomodando al bebé sobre la cama.
Aslin, que estaba sentada en la mecedora alimentando a Noah, arqueó una ceja.
—¿Seguro? Porque la última vez casi terminas envuelto en pañales como una momia.
Ethan, quien estaba pasando por la habitación con una taza de café, se detuvo en la puerta con una sonrisa burlona.
—Está bien, tranquilo, cariño —susurró Aslin, meciéndolo suavemente.
Cuando parecía que se calmaba, Isabella empezó a hacer pucheros.
—No, no, no… tranquila, princesa, solo un momento más —murmuró Carttal.
Ethan suspiró.
—Voy a tomar la foto en tres, dos…
Justo en ese momento, Noah soltó un estornudo tan fuerte que hizo que Isabella se asustara y empezara a llorar de verdad.
Carttal y Aslin se miraron y comenzaron a reírse sin poder evitarlo.
—Bueno —dijo Ethan, tomando la foto de todos riendo en medio del caos—. Creo que esta será la imagen más realista de su vida como padres.
Cuando vieron la foto, no pudieron evitar amarla. No era perfecta, pero era exactamente como se sentían: felices en medio del desastre.
Las noches tampoco estaban exentas de momentos divertidos.
Una noche, Carttal intentaba dormir, pero los tres bebés decidieron que era el momento perfecto para turnarse en un concierto de llanto.
—Noah se durmió —murmuró Aslin después de arrullarlo durante diez minutos.
—Bien, porque Isabella acaba de despertarse —respondió Carttal, rebotándola suavemente en sus brazos.
Cuando Isabella por fin cerró los ojos, Liam comenzó a moverse inquieto.
—No… no, no, no, Liam, no te atrevas —susurró Carttal con desesperación.
El bebé abrió los ojos y frunció el ceño, preparándose para llorar.
—¡No respires tan fuerte! —susurró Aslin.
—¡No lo estoy haciendo!
Ambos se quedaron congelados, mirando a Liam con la esperanza de que volviera a dormir.
Un segundo.
Dos segundos.
Cinco segundos.
…Y Liam cerró los ojos de nuevo.
Carttal y Aslin se miraron, celebrando en silencio con gestos exagerados de victoria.
—¡Somos genios! —susurró Aslin emocionada.
—Somos ninjas —añadió Carttal, levantando un puño en señal de triunfo.
Pero justo cuando se acomodaron en la cama, listos para dormir…
Noah estornudó.
Y los tres bebés despertaron al mismo tiempo.
Carttal y Aslin se miraron con horror antes de soltar una carcajada resignada.
—Bueno… —suspiró Aslin—. Otra noche sin dormir.
—Bienvenidos a la paternidad —se escuchó la voz de Ethan desde el pasillo, riendo antes de irse a su habitación.
Y así, en medio del caos, el cansancio y las risas, Carttal y Aslin seguían disfrutando de cada segundo con sus tres pequeños milagros.

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