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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 973

Un año después.

En una playa bajo el cielo nocturno.

Tres adorables pequeños, que parecían sacados de un cuento, señalaban el cielo, saltando y gritando de júbilo.

—¡Guau! ¡Mami, mira! ¡Los fuegos artificiales tienen la forma de ti y de papi agarrándonos de la mano! —exclamó uno.

—¡Ah! ¡Mami, fíjate en ese! Es un chico arrodillado frente a una chica. Mami, ¿eso es una propuesta de matrimonio?

—¡Mami, mira! ¡Los fuegos artificiales se convirtieron en letras!

Los gritos emocionados de los niños resonaban por toda la costa, mientras la mirada de todos estaba cautivada por los espectaculares colores que iluminaban la noche.

Los deslumbrantes fuegos artificiales cambiaban mágicamente de forma. Alrededor de las enormes letras que decían «Erika, te amo», un sinfín de chispas brillaban como un mar de estrellas, envolviendo aquella profunda declaración en una atmósfera de puro romance.

De pronto, la pólvora caía como una cascada dorada que iluminaba el océano entero, y el agua brillante reflejaba el resplandor de las luces creando un paisaje de ensueño.

Luego, estallaban como flores gigantes: rojas, rosadas, moradas... una explosión de colores vibrantes donde cada destello parecía confesar un amor infinito.

Erika miraba al cielo con los ojos empañados en lágrimas cuando, justo detrás de ella, resonó la profunda y magnética voz de un hombre:

—Señorita Milán, ¿me haría el honor de ser mi novia?

Erika se giró lentamente. Valerio Ramírez, sosteniendo un enorme y fragante ramo de flores, estaba arrodillado frente a ella.

Llevaba un traje negro impecable que resaltaba su postura firme y elegante. Su perfil perfecto y la leve sonrisa en sus labios lo hacían lucir aún más apuesto bajo la luz de los fuegos artificiales.

Sus ojos oscuros y profundos rebosaban de una ternura infinita, amor absoluto y una expectativa inmensa.

Pero antes de que Erika pudiera reaccionar, los tres pequeños traviesos le arrebataron el ramo de las manos y lo dejaron sobre la arena.

Inmediatamente después, se alinearon perfectamente frente a Valerio. Se cruzaron de brazos, levantaron las barbillas y lo miraron con una actitud desafiante y orgullosa.

—Las flores están muy bonitas y las aceptamos —dijo Enzo con voz clara—. Pero, mami dijo que no quiere casarse, que le encanta su vida de soltera. Además, papi, si quieres reconquistar a mami, primero tienes que pasar nuestra prueba.

—¡Yo también estoy de acuerdo! —secundó Alma—. ¡Y mi prueba es la más difícil! Dentro de poco mami se va a cambiar el apellido y nosotros lo haremos con ella. Si logras conquistarla, nos quedaremos con el apellido Ramírez. ¡Pero si fracasas, nos llevaremos el apellido Romero de nuestra familia!

—¡Sí, sí! ¡Yo apoyo la moción! —asintió Thiago con firmeza.

Valerio frunció el ceño y negó con la cabeza, soltando un suspiro. Increíble... estos pequeños diablillos estaban todos del lado de Erika.

Se levantó lentamente de la arena y miró a Erika con una sonrisa impotente.

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