En su vida pasada, le tomó toda una vida ver por fin la verdad de frente y aceptar la realidad.
Vio la falsedad de los Turner, cómo la empujaron a una muerte miserable y cómo le arrebataron todo lo que le pertenecía.
Las acciones de la empresa que ella misma había levantado con sus propias manos. Su cuerpo sano.
Lo único que siempre quiso fue un poco de amor paternal de Morris.
En esta nueva vida, no volvería a ser una tonta.
"Señor Turner, yo no lo hice y no voy a disculparme.
"¿Se pone así porque dije la verdad y eso le removió la conciencia?
"Si de verdad me viera como su hija, no dudaría de mí.
"Apenas llegué a casa y, en menos de doce horas, me encerraron. No me dieron de comer, ni una sola gota de agua.
"¿Así es como tratan a alguien a quien llaman familia?"
Al escuchar su voz ronca, quebrada por el llanto, y esas palabras cargadas de dolor, Morris no sintió ni la más mínima compasión. Al contrario, le resultó detestable mirarla. Sin una pizca de paciencia, levantó la mano y le dio una bofetada brutal mientras rugía furioso: "¡Mentira tras mentira! Vi todo claramente en las cámaras de seguridad, y aun así sigues negándolo. ¿Cómo pude tener una hija como tú?"
Al ver esa escena, Julia la contempló con satisfacción, como si todo fuera un espectáculo.
Larissa, ¿ya te diste cuenta? Todo esto es mío. El padre al que tanto quieres, los hermanos que tanto te importan, toda esta familia me pertenece.<\/i>
¿Por qué no te moriste de una vez allá afuera?<\/i>
Ya que te empeñaste en volver, no me culpes si hago lo que sea para echarte. No eres más que una hija adoptiva. ¿Con qué derecho vienes a pelear conmigo?<\/i>
Larissa se cubrió la mejilla ardiente. Esa bofetada hizo añicos la última chispa de esperanza que aún guardaba en el corazón.
En su vida pasada, había ansiado con demasiada desesperación el amor de una familia. Todavía conservaba una pequeña esperanza en los Turner, así que entonces cargó con la culpa.
Desde aquel día, la marcaron como una persona cruel que había lastimado a su hermana menor.
Ahora que la vida le había dado una segunda oportunidad, no volvería a aferrarse ni al más mínimo rastro de esperanza en los Turner.
Estaba bien.
Así, cuando se fuera de ese lugar, no tendría el menor arrepentimiento.
Después de todo, ¿cuándo los Turner le habían mostrado aunque fuera un poco de compasión o cariño?
"Qué bueno que no soy su hija de sangre. No necesito un padre como usted, incapaz de distinguir el bien del mal. Yo no lo hice, así que no voy a admitirlo. No hice nada malo.
"Y si insiste en obligarme a confesar, entonces no me molestaría convertir esta acusación en realidad."
Julia se encogió de miedo y se refugió en los brazos de Priscilla.
Priscilla le acarició la espalda para consolarla y le dijo: "No tengas miedo. Estoy aquí. Nadie volverá a atreverse a intimidarte."
Jettson dijo: "No te asustes. Estoy aquí. Yo te voy a proteger."
Harlan añadió: "Así es. Yo también estoy aquí. No voy a dejar que nadie vuelva a lastimarte."
Priscilla clavó la mirada en Larissa, con los ojos ardiendo de ira. "¿Cómo te atreves a amenazar a mi hija? ¿Quién te crees que eres?"
Morris señaló a Larissa, fuera de sí, con el rostro lleno de dolor y decepción.
"¿En qué te has convertido?
"Parece que mandarte a la isla Ravenmind durante cinco años no sirvió de nada. No solo no mejoraste, sino que te volviste todavía más grosera y despiadada.
"De verdad me has decepcionado.
"Si no vas a admitir tu error, entonces lárgate de esta casa. Yo no tengo una hija como tú."
Larissa contempló la escena frente a ella: esa familia feliz unida, todos protegiendo a Julia.
No pudo evitar recordar los años antes de cumplir diez. En aquel entonces, Jettson, Harlan y Morris la querían muchísimo. Jugaban con ella y, en su cumpleaños, le preparaban con cuidado regalos y sorpresas solo para verla sonreír.
Pero Julia era su hija biológica. Su hermana de sangre. Ellos eran la verdadera familia.
Y ella no era más que una extraña.
Todo eso había quedado demasiado atrás, hermoso como un sueño.
Ya no le pertenecía.
Y aun así, en su vida pasada, siguió deseando tontamente el amor familiar de los Turner.
Se había equivocado. Por completo.
"Está bien. Ya que no pueden aceptarme, no me voy a quedar aquí estorbando a su familia feliz", dijo Larissa.
"Ni un paso más."
Jettson se acercó, la sujetó del brazo y le soltó con voz áspera y helada: "¿Quién dijo que podías irte? Hiciste algo mal y aun así no te arrepientes."
"Suéltame."
Larissa se zafó de su mano, lo ignoró y se dio la vuelta para irse.


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