—¡Señorita Quiroz! —Su voz sonaba amarga, y su postura era de total sumisión—. ¡Tengo la desgracia de que mi hija haya sido manipulada por malas influencias para cometer esta estupidez, ofendiéndola a usted y a su familia! ¡Asumo la responsabilidad por no saber educarla! Como presidente de la Corporación Lira, le ofrezco mis más sinceras disculpas.
Hizo una profunda reverencia.
Al enderezarse, se le notaba el dolor en la mirada, pero habló con absoluta firmeza:
—¡Para compensar nuestra falta, le cederé gratuitamente el uno por ciento de las acciones de la Corporación Lira! ¡Le ruego que acepte esta muestra de buena voluntad y demos por terminado este penoso incidente!
Prácticamente tuvo que apretar los dientes para soltar lo del 'uno por ciento', pero sabía que era su única opción para calmar la furia de los Quiroz y salvar los futuros negocios entre ambas familias.
La actitud de Don Nicolás, que no había dicho una sola palabra y permitió que Mila humillara a las dos jóvenes, ¡lo decía todo!
Esa mujer recién salida de prisión no era ningún trofeo de cristal. ¡Era un depredador despiadado!
La oferta dejó a todos los invitados boquiabiertos.
¡¿El 1% de las acciones de la familia Lira?!
¡Gustavo Lira estaba pagando una fortuna para calmar las aguas!
Con tan solo unos cuantos golpes y unas frases bien colocadas, ¡Mila había exprimido beneficios brutales de los Leyva y los Lira!
En ese instante, nadie en el salón volvió a verla con desprecio. ¡Solo les quedaba el asombro, la desconfianza y un miedo irracional!
Mila asintió levemente, sin borrar esa fina línea de burla de sus labios.
—El señor Lira sabe hacer muy bien las cuentas y entiende las prioridades.
—Señorita Lira, piénselo muy bien al llegar a su casa —recalcó las palabras 'piénselo muy bien'—. No permita que la usen como escudo. A veces uno cava su propia tumba sin darse cuenta.
Gustavo Lira sintió un escalofrío. Lo entendió todo en un segundo. Mezclando el odio con el miedo, le lanzó una mirada furiosa a Luna, que a lo lejos seguía con su cara de mosca muerta. Agarró a su hija del brazo con fuerza y se retiraron humillados.
—¡Recordaremos sus palabras! —dijo con la voz áspera.
—Papá...
En una esquina, el corazón de Luna casi estalla de dolor al ver a sus amigas humilladas, ¡y sobre todo por la monstruosa pérdida de ese 1% de las acciones!
Sin embargo, se puso su máscara de tristeza y le susurró a su padre al oído:
—¿No crees que mi hermana se pasó de la raya? Sé que Lucía y Valeria se equivocaron, pero golpear a la gente en público y obligar al señor Lira a regalar sus acciones... ¿Qué van a pensar los demás de nosotros? Van a decir que la familia Quiroz abusa de su poder y que no tenemos clase...

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