—Pauli —Rodrigo se acercó rápidamente a su hija—. ¿Qué pasó? ¿Estás herida?
Paula se acomodó el cabello y respondió:
—Papá, estoy bien.
Lanzó una mirada a Enzo, que seguía en la puerta, y luego clavó sus ojos en Fabiana.
El Presidente Rivas tenía una expresión sombría. Miró al personal y preguntó fríamente:
—¿Qué significa esto?
—El Presidente Rivas no debería preguntarles a ellos —intervino Paula—, sino a su querida hija, a ver qué hizo.
Fabiana se estremeció, fulminando a Paula con la mirada.
—Si no me dan una explicación hoy mismo, no me quedaré de brazos cruzados.
El Presidente Rivas miró al hombre tirado en el suelo y frunció el ceño.
—No puedes controlarte y te vas a revolcar con cualquiera, y ahora le echas la culpa a los demás —se defendió Fabiana.
—¡Fabiana! —le gritó su padre para silenciarla.
Paula soltó una carcajada fría.
—Te lo diré directamente: nunca me bebí esa copa. Solo quería ver qué clase de truquito intentabas jugar. Resulta que solo sabes usar métodos sucios y de mal gusto. Si no quieres admitirlo, no hay problema, llamaré a la policía. Que ellos investiguen cómo te confabulaste con este desgraciado para arruinar mi reputación.
Sus palabras dejaron sumamente claro el contexto de lo que había sucedido.
La expresión de Rodrigo se ensombreció.
—Entonces llamemos a la policía.
—Rodrigo, mira, hagámoslo de esta manera —se apresuró a decir el Presidente Rivas—. Yo me encargaré de investigar esto y te aseguro que le daré una explicación a Pauli. Lo de los pagos que mencionamos antes, podemos seguir negociándolo.
La última frase era una clara advertencia para Rodrigo.
El problema de las multas estaba afectando gravemente el flujo de efectivo de su banco.
El rostro de Rodrigo cambió.
—Presidente Rivas, es mejor separar los asuntos personales de los negocios —intervino de repente Enzo, que había permanecido en silencio.
Enzo detuvo sus pasos.
Paula arqueó una ceja.
—Fabiana Rivas solo me tiene envidia porque tengo trato contigo. Quiso arruinar mi reputación para que me odiaras por completo.
Enzo la miró de reojo en silencio.
Al encontrarse con los profundos y oscuros ojos del hombre, el corazón de Paula dio un vuelco. Tosió un par de veces y apartó la mirada.
—No...
Pero antes de que pudiera continuar, la voz profunda de Enzo la interrumpió:
—¿Cómo quieres que te compense?
Al escuchar eso.
Paula se quedó pasmada. Volteó a verlo y, con una actitud un poco menos renuente, se cruzó de brazos, levantó ligeramente el mentón y dijo:
—Solo invítame a cenar esta noche y estaremos a mano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...