David entornó sus oscuros ojos.
La mirada de Enzo lo recorrió de arriba abajo.
—¿No te das cuenta de lo inmaduro que te ves actuando así?
Si lo pensaba detenidamente, desde que lo conoció hasta el día de hoy, parecía que David jamás había tenido una relación seria. Podría decirse que nunca se había enamorado de verdad, ya que siempre que quería, sobraban mujeres hermosas y con prestigio dispuestas a entregársele. El afecto y la devoción de ellas eran algo que él conseguía sin el más mínimo esfuerzo.
Y las cosas que se obtienen con facilidad rara vez se valoran.
Un hombre tan egocéntrico como él difícilmente entendería cómo cuidar de alguien ni sabría cómo atesorar lo que tiene.
David soltó una carcajada burlona y le arrojó el celular.
—Lo dices como si tú fueras todo un experto.
Dicho esto, se recostó nuevamente en el sofá.
—No necesito que me tengas lástima. Vete a tu fiestecita.
Enzo observó el rostro frío y sombrío de David por unos instantes, y finalmente se puso de pie.
—En ese caso, me retiro.
Se dirigió con pasos largos hacia la salida. David siguió con la mirada la silueta del hombre alejándose, sin hacer el menor intento por detenerlo.
Enzo salió por las puertas sin dudarlo, se dirigió al estacionamiento y subió a su auto.
David se quedó recargado en el sofá. Al dar las doce del mediodía pidió algo de comer, pero apenas tenía apetito. Revisó Instagram y vio la publicación de Enzo: una única foto repleta de todo tipo de delicias culinarias.
Por supuesto, Enzo había configurado la foto para que solo David pudiera verla.
David la abrió y la amplió; fuera de la increíble variedad de comida en la mesa, no había mucho más que destacar, pero en comparación con lo que él había ordenado, su propia comida daba pena.
Salió de la aplicación, le tomó una foto a su almuerzo y se la envió directamente al chat de Esmeralda.
Mientras tanto, ella comía pastel sentada en una silla, platicando amenamente con Abril.
En ese momento.
La pantalla del celular que descansaba sobre la mesa se iluminó. Echó un vistazo y su mirada se ensombreció un poco. Al abrir la notificación, vio la imagen que le había enviado el hombre: una caja de comida cantonesa para llevar. Por el fondo de la imagen, era evidente que seguía esperando en el mismo lugar.
Gabriel le sirvió una porción de papaya fresca frente a ella y le preguntó:
—¿Qué miras?
Esmeralda salió de su trance y guardó el celular.
—Nada.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...