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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1116

Al menos era mejor que siguiera obsesionado con Esmeralda.

Al oír esto, Emilia se quedó sin palabras por un momento.

Esa noche.

David volvió a casa. Después de arrullar a Isa hasta que se durmió...

Esmeralda bajó a la sala de estar y se sentó en el sofá. David la tomó por la cintura y le preguntó:

—¿De qué hablaron hoy?

—A Emilia no le agrada Viola —respondió Esmeralda.

—Su opinión no importa —desestimó David—. Ella también tiene que hacerle caso a lo que decida mi hermano. ¿Qué opinas de que Santiago y Viola empiecen a salir formalmente?

—A Viola le gusta Santiago —dijo Esmeralda—, pero ahora mismo está muy asustada e insegura; tiene miedo de causarle problemas. Incluso si Santiago estuviera dispuesto, ella sin duda tendría sus reservas.

Entendía perfectamente cómo se sentía Viola en ese momento: no quería causarle molestias a quienes la rodeaban, y mucho menos al hombre que la había salvado.

Seguramente, en el fondo, sentía que no estaba a la altura de Santiago, y si él tomaba la iniciativa, es probable que ella se resistiera.

—Entonces, Santiago tendrá que ser mucho más proactivo —afirmó David.

Esmeralda le lanzó una mirada y le advirtió:

—No vayas a darle lecciones a Santiago sobre qué hacer por tu cuenta. Él seguramente tiene mucho más claro que tú lo que debe hacer, así que no te metas donde no te llaman.

Los delgados labios de David se curvaron en una sonrisa.

—¿Cuándo me he metido donde no me llaman? ¿Acaso no sabes que los espectadores ven las cosas con más claridad? Un cabeza dura como Enzo, cuando se trata de sermonear a la gente, saca un discurso tras otro. Tiene más argumentos que un monje recitando mantras en el templo. ¿Acaso yo voy a ser menos que él?

En ese mismo momento, Enzo, que seguía trabajando horas extras en la empresa, estornudó varias veces seguidas.

Esmeralda no sabía de qué sermones de Enzo estaba hablando, pero le advirtió:

—De todas formas, no vayas a hacer ninguna tontería.

—Claro que no haré tonterías; las únicas tonterías que hago son contigo. —Mientras hablaba, se inclinó hacia Esmeralda, acorralándola. La presencia del hombre se sintió abrumadora, envolviendo por completo a la mujer bajo él.

Esmeralda se sobresaltó, apoyó las manos en los hombros del hombre, tensó el cuerpo y abrió mucho los ojos al ver el apuesto rostro tan cerca del suyo.

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