Esmeralda llevaba un vestido largo de punto azul claro bajo un abrigo fino de lana blanca, combinado con unos zapatos planos que realzaban su aura de elegancia y serenidad.
Al bajar los escalones, tomó la mano de Isa, se inclinó ligeramente y miró a su hija con ternura.
—Tú también te ves como una princesita el día de hoy, mi amor.
Isa sonrió, radiante de felicidad.
David se acercó a ellas.
Esmeralda levantó la mirada para observarlo. El hombre llevaba un elegante traje de gala color azul zafiro. Su figura alta y su porte imponente resaltaban la nobleza de sus facciones. Parecía envolverlo un aura cálida y sofisticada, como un jade iluminado por los rayos del sol. Todo en él irradiaba un encanto irresistible.
Llevaba un broche en el pecho, idéntico al que lucía Esmeralda.
David se detuvo y clavó su profunda mirada en la mujer frente a él. Esmeralda también se quedó observándolo.
De repente, sin previo aviso, el hombre se inclinó y depositó un beso fugaz en los labios de ella.
Esmeralda abrió los ojos de par en par, sorprendida por el hermoso rostro que tenía a escasos centímetros del suyo.
—¿Qué haces? Isa está aquí.
David sonrió levemente, curvando los labios, y le respondió con voz profunda:
—Es que mi esposa está demasiado hermosa. No pude contenerme.
Isa, que se había tapado los ojos con las manitas, dejó pequeños huecos entre los dedos por donde asomaban sus grandes ojos redondos.
—Mami, no vi nada, de verdad —dijo la niña.
Ambos bajaron la mirada hacia ella y no pudieron evitar reír.
—Bueno, ¡vámonos!
David y Esmeralda tomaron a Isa de las manos y salieron de la casa.
La boda se celebraba en una exclusiva finca a las afueras de la ciudad.
El lugar estaba decorado con un lujo deslumbrante, casi de ensueño. Rosas blancas y lisiantus color champán cubrían las columnas talladas, extendiéndose por todo el paisaje, mientras el agua de las fuentes salpicaba formando gotas que parecían perlas.
Los autos de lujo comenzaron a llegar y estacionarse en el área designada.
Al bajar del vehículo, se encontraron en el estacionamiento con Enzo, quien venía acompañado por Paula.
Paula no figuraba en la lista oficial de invitados. La noche anterior, lo había llamado para conversar y lo invitó al cine. Enzo le explicó que tenía una boda al día siguiente y terminó preguntándole si quería acompañarlo.
Al escuchar la invitación salir de sus labios, Paula notó que Enzo sonaba un poco tenso, no del todo natural. Sin embargo, el simple hecho de que hubiera tomado la iniciativa ya era un gran paso.
Por supuesto, Paula aceptó de inmediato.
Esa misma mañana se había levantado muy temprano para arreglarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...