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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 16

Esmeralda caminó deteniéndose a ratos. Apenas había comido al mediodía, y ahora, con frío y hambre, el vientre le empezaba a molestar.

Después de media hora, llegó por fin a la caseta principal.

Iba a salir cuando el guardia de seguridad le bloqueó el paso.

—Señora de Montes, el señor Montes pide que regrese.

Esmeralda se quedó atónita. Que le pidiera volver no era por preocupación, claro está.

—No voy a volver —dijo, e intentó seguir caminando sujetándose la panza.

El guardia no la dejó pasar.

—No podemos dejarla salir. Está embarazada y hace mucho frío esta noche, ¿qué tal si le pasa algo? Por favor, regrese. No nos meta en problemas.

Esmeralda miró al guardia, exhaló una nube de vapor y suavizó el tono.

—¿Me podría prestar su celular para hacer una llamada?

—Lo siento, señora, no está permitido.

Esmeralda se quedó parada, sintiendo que el malestar en su vientre empeoraba.

En eso, escuchó un claxon a sus espaldas.

Volteó instintivamente y vio a la persona en el asiento del conductor. Para Esmeralda fue como ver a un salvador. Se acercó cojeando, sujetándose el vientre; la caída de ayer le había lastimado las rodillas y con el frío le dolían más.

Camilo Arriaga bajó la ventanilla del copiloto.

—Señor Arriaga, buenas noches. Tengo mucho frío, ¿podría dejarme subir a su auto? —pidió Esmeralda.

Camilo no hizo preguntas.

—Súbete.

—Gracias.

El guardia vio cómo Camilo le abría la puerta a Esmeralda y ambos se iban en el auto, pero no se atrevió a detenerlos. Solo se quedó mirando cómo se alejaban y luego regresó a la caseta para marcar a la extensión de la villa 8.

—Señor Montes, la señora se fue en el auto del señor Arriaga.

***

Dentro del auto.

Camilo notó que Esmeralda no se veía bien.

—¿Qué hacías caminando sola en la calle? ¿Te enfermaste por el frío? ¿Te duele el estómago?

Esmeralda no se hizo la fuerte.

—Sí. ¿Podría llevarme al médico, por favor?

—Tiene las rodillas bastante golpeadas. ¿Quién es el esposo?

Gabriel intervino:

—Dígame a mí. Soy su familiar.

El médico no indagó más.

—Le receté analgésicos y pomada para los golpes. Que alguien me acompañe por la medicina.

—Yo voy —dijo Camilo.

Gabriel entró a la habitación y vio a Esmeralda acostada en la cama, pálida e inmóvil.

—Doctor Loyola —murmuró ella.

Gabriel acercó una silla y se sentó.

—Esme, por más que te enojes con David, no puedes poner en riesgo al bebé. ¿Qué hubiera pasado si te quedas sola en la calle con este frío y les pasa algo a ti o a la niña?

Esmeralda ya estaba totalmente calmada.

—Lo sé. Hoy fui impulsiva.

¿Qué ganaba enojándose con David? A sus ojos solo hacía el ridículo y se humillaba más. A él no le importaban sus sentimientos.

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