Álvaro iba llegando del trabajo y, al entrar a la sala, se topó con David. Se detuvo en seco y su rostro se ensombreció.
David lo miró, asintió levemente a modo de saludo, con una actitud tranquila.
Álvaro lo miró fijamente sin responder.
David siguió su camino hacia la puerta.
Álvaro volteó a ver al hombre una vez más y luego dirigió la mirada hacia Esmeralda, que estaba al pie de la escalera. La empleada se acercó a recibirle el saco.
Caminó hasta Esmeralda y preguntó:
—Esme, ¿a qué vino David?
—Isa está aquí conmigo —respondió ella.
Álvaro notó lo que ella tenía en la mano.
—¿Qué es eso?
—Regalo de David.
Álvaro lo tomó y lo abrió para echar un vistazo. Aunque no era experto en joyas, se notaba a leguas que la calidad de ese collar valía una fortuna.
—Este collar no debe ser nada barato.
—Así es —dijo Esmeralda—, vale cientos de millones.
Aunque Álvaro suponía que era caro, no esperaba que el precio fuera tan exorbitante.
—¿Qué pretende David?
—Quién sabe.
De todas formas, no importaba si ella le pedía el divorcio o cualquier otra cosa, él hacía como que no escuchaba y seguía haciendo lo que se le daba la gana.
—Busca el momento para devolvérselo —dijo Álvaro, cerrando la caja y entregándosela a Esmeralda.
—Ya lo sé.
Ese collar, definitivamente no lo iba a querer.
De vuelta en la habitación, Isa estaba sentada obedientemente en la cama esperando.
Al ver entrar a su mamá, preguntó:
—Mamá, ¿ya se fue papá?
Esmeralda asintió.
—Ya se fue.
—Gracias por el esfuerzo de cuidar a Isa.
Valentina lo miró y sonrió con frialdad.
—Mira nada más, nunca pensé escuchar al señor Montes hablar con tanta cortesía.
La expresión de David siguió impasible.
No se quedó mucho tiempo; se despidió de Isa y se fue.
Esmeralda se enteró hasta que regresó en la noche de que David había llevado regalos otra vez. Valentina se tomó la molestia de investigar y resultó que las cosas que llevó valían decenas de millones.
—Me encantaría que ese par de la familia Santana se enterara, seguro escupirían bilis del coraje.
Aunque a Valentina le caía mal David, pensar en la rabia impotente de Inés y Clara hacía que se sintiera un poquito mejor.
Esmeralda tuvo ganas de llamarlo para cuestionarlo.
Pero conociendo al desgraciado, no sacaría nada en claro.
—Mamá, guarden las cosas por ahora.
—Ni las hemos abierto, tampoco es que nos urjan sus regalos.
—Está bien.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...