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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 472

Valentina no le hizo caso y tiró de la manija para subir al coche.

Mariano dijo de pronto:

—No nos hemos visto en más de diez años, quería platicar contigo. Escuché que a Álvaro le va muy bien y hasta abrió su propia empresa. Qué increíble, nunca imaginé que mi hijo llegaría tan lejos.

Su tono de voz revelaba entusiasmo y codicia.

Valentina se detuvo en seco, volteó a mirarlo fijamente y preguntó:

—¿Cómo nos encontraste?

En aquel entonces, Mariano había perdido todo el patrimonio familiar apostando y había acumulado una deuda enorme. Durante ese tiempo, se peleó con unos cobradores y dejó a uno gravemente herido, por lo que fue sentenciado a dieciocho años de prisión.

Fue durante su condena que ella se divorció de él, pero la condición para el divorcio fue que ella pagara su deuda de doscientos mil pesos.

En aquella época, doscientos mil pesos eran una cifra astronómica para ella.

Sin embargo, aceptó. Se fue a trabajar a San Pedro, pagando las deudas de Mariano y tratando de juntar para la colegiatura de Álvaro.

Además de tener un pequeño negocio propio, cocinaba para los trabajadores en una obra de construcción. Resultó que esa obra pertenecía a la empresa de Manolo. Manolo probó su comida y elogió su sazón.

En ese tiempo, Manolo acababa de divorciarse y estaba sumido en la depresión. Debido a la partida de su madre y su hermano, Esmeralda también había empezado a sufrir anorexia.

Manolo la contrató para ir a su casa a cocinarle a Esmeralda.

Y así fue como se quedó con la familia De la Garza.

Su hijo, con mucho esfuerzo, consiguió una beca completa para la universidad en San Pedro.

Ella pensó que nunca más volvería a tener contacto con este hombre en su vida.

Mariano sonrió con una actitud relajada que daba escalofríos.

—Después de todo fuimos marido y mujer; solo quería saber de mi hijo. Mira nada más, Vale… ahora andas como toda una señora de alta sociedad.

Valentina percibió de inmediato las malas intenciones del hombre. Su rostro se endureció.

—Si tienes algo que decir, dilo de una vez. No te andes con rodeos.

En ese momento, su celular vibró. Era una llamada de su hermano.

—Ismael, ¿qué pasa?

Al escuchar lo que Ismael le decía, la expresión de Valentina cambió.

Ismael tenía una empresa de transporte en su pueblo natal y había conseguido varios contratos importantes, pero de repente todos habían cancelado la cooperación. Estando a fin de año, las pérdidas serían una suma considerable.

No entendían qué pasaba, así que preguntaron a un cliente de confianza, quien les dijo que habían ofendido a alguien. Pero ellos hacían negocios honestos, ¿a quién podrían haber ofendido?

Desesperados, llamaron a Valentina para ver si Álvaro podía usar sus contactos para ayudar.

Primero Mariano aparece en su puerta, y ahora la empresa de Ismael tiene problemas repentinos por haber "ofendido a alguien".

Demasiada coincidencia.

Valentina entendió todo al instante.

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