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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 489

Martina entró y anunció:

—Señor, el señor Santiago está aquí.

David asintió.

—Que pase.

Santiago Montes y Álvaro Santillán entraron a la sala.

Al ver a Esmeralda, Santiago se acercó a grandes zancadas con expresión preocupada.

—Esme, ¿estás bien?

—Estoy bien —dijo ella, negando levemente con la cabeza.

Álvaro y Santiago habían ido a una ciudad vecina para asistir a una exposición. Al recibir la llamada de Gabriel, regresaron de inmediato a San Pedro.

Gabriel le había contado a Álvaro sobre la situación de Esmeralda en el hospital, así que condujeron a toda prisa.

Ahora, al ver que estaba a salvo, Álvaro se tranquilizó.

Su intención era llevarse a Esmeralda a casa, pero al ver a Isa, su corazón se ablandó. Le preguntó a Esmeralda:

—¿Quieres volver a casa?

De repente, Isa agarró la mano de Esmeralda y miró a Álvaro. Con su voz dulce e infantil, dijo:

—Señor Álvaro, mi mamá se va a quedar aquí esta noche a dormir conmigo.

Álvaro se agachó y le acarició la cabeza a la niña.

—Entonces, Isa, cuida bien a tu mamá.

—¡Isa cuidará muy bien a mamá! —prometió la niña.

Álvaro sonrió y no insistió más. Se levantó y miró a Esmeralda de nuevo.

—¿Y tu celular?

Había intentado llamarla todo el día sin éxito.

—Se me perdió —respondió ella—. Mañana iré a recuperar el número.

Álvaro asintió y luego miró a David con recelo.

—No se preocupe, señor Santillán —dijo David—, ella estará bien.

Álvaro y Santiago se marcharon de la villa.

Esmeralda apartó la mirada y entró en la casa.

Isa estaba sentada obedientemente en el sofá. Había visto a sus padres hablando afuera y no quiso interrumpir. Al ver entrar a su madre, corrió hacia ella.

—Mamá.

Isa tomó la mano de Esmeralda y notó lo fría que estaba.

—Mamá, tienes las manos heladas. Isa te las calienta.

Sus dos manitas cálidas envolvieron la mano de su madre.

David entró y le pidió a Martina que preparara un té de jengibre con limón y piloncillo para que entraran en calor.

Martina observó el trato de David hacia Esmeralda con recelo.

Quién iba a pensar que al volver, esa mujer lograría posicionarse de nuevo como la señora de la casa. Ahora ponía esa cara de seductora solo para volver a engatusar al señor.

Sin embargo, no se atrevió a desobedecer la orden y se dirigió a la cocina.

Isa arrastró a sus padres para que vieran caricaturas con ella.

David tomó un libro de cuentos y comenzó a leerle, haciendo reír a carcajadas a la niña, que se retorcía de risa en los brazos de Esmeralda.

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