Miró el mensaje durante un largo rato.
Al final, no respondió.
Inés marcó otro número.
Le contestaron.
—¿Cuál es la situación con Mariano? —preguntó.
Nadie se había atrevido a humillarla así jamás. ¿Quién se creía que era esa Valentina Santillán?
—Lo tienen muy vigilado. Hay gente siguiéndolo todo el tiempo, es imposible acercarse a Valentina.
El rostro de Inés se demudó. Si no sacaba ese coraje, no podría vivir en paz.
A las seis de la tarde.
Enzo salió del edificio de la empresa. De inmediato vio una figura sentada en el área de espera del vestíbulo. Sus pasos se detuvieron en seco. Las manos dentro de sus bolsillos se cerraron en puños y su mente quedó en blanco por un segundo.
Manolo lo vio y se levantó lentamente.
Su hijo había crecido, había cambiado, pero lo reconoció al instante.
En ese momento, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Enzo se quedó clavado en el sitio, sentía los pies como de plomo, incapaz de moverse. Los empleados que salían lo saludaban, pero él no escuchaba nada.
Extrañados, los empleados siguieron su camino en silencio.
Diez minutos después.
Enzo y Manolo estaban sentados frente a frente en un restaurante cercano.
Aunque eran padre e hijo, después de tantos años, no sabían qué decirse.
No sabían cuánto tiempo había pasado en silencio.
Manolo tomó la iniciativa para romper la atmósfera pesada:
—Enzo... ¿te has casado?
—Aún no —respondió Enzo—, he estado muy ocupado con el trabajo.
Su voz sonaba suave, como la de un hijo respondiendo obedientemente a su padre.
—Ya no eres un niño. El trabajo es importante, pero no puedes descuidar tu vida personal, tenlo presente.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...