Lidia ahora quería estar todo el tiempo con su papá.
Le preocupaba que, si las cosas seguían así, Lidia no pudiera aceptar a Álvaro en el futuro.
La mayor diferencia entre hombres y mujeres es que ellas no pueden ser tan despiadadas como ellos; los hijos siempre son el mayor vínculo y preocupación de una madre.
—No puede quedarse en el país para siempre, en algún momento se irá. O cuando Lidia mejore, llévatela a Valdemar —sugirió Esmeralda.
—Sí —coincidió Abril—, aprovecharé para llevar a Lidia a Valdemar a pasar la Nochebuena con mis papás. Por cierto, Álvaro ha estado muy ocupado últimamente, y tú también.
A veces le mandaba mensajes y tardaba mucho en responder.
—Es fin de año, ni modo. Tú eres la que vive a gusto.
—Yo solo soy una mantenida sin aspiraciones, no me puedo comparar con ustedes —rio Abril.
Platicaron un rato más y colgaron.
David se acercó y preguntó:
—¿Vas a invitar a Lidia a jugar hoy?
Esmeralda lo miró.
Hoy estaba bastante desocupado, no se había metido al despacho a trabajar.
Como Isa quería comer algo preparado por papá, él se había metido a la cocina.
Traía puesto un delantal negro sobre un suéter de lana negro de cuello alto; se veía totalmente como un amo de casa.
Ella retiró la mirada con indiferencia.
—Lidia también está enferma, está descansando en su casa.
—Ah, bueno. Cuando se recuperen, que jueguen juntas. Vamos a comer.
Después de la comida, Isa se dispuso a dormir la siesta.
Esmeralda decidió ir al hospital. Miró a David y le dijo:
—Acompáñame.
David sonrió levemente.
—Vamos.
Antes de salir, bajaron al estacionamiento subterráneo.
—Esmeralda, no seas tan hiriente.
Esmeralda volteó hacia Marisa y soltó una risa fría.
—Señora Montes, la señorita Santana no es su nuera, ¿por qué la defiende tanto?
La cara de Marisa se oscureció al instante.
—¡Esmeralda!
A Esmeralda le dio igual su enojo.
—Qué lástima. A la nuera que tanto te gusta, tu hijo no la quiere. Pero la verdad es que tienes muy mal gusto, ¿cómo te fijas en un adorno sin cerebro como Clara? Con razón tu hijo salió igual a ti, mal de la cabeza.
Marisa abrió los ojos desmesuradamente, clavándole la mirada.
—Tú...
Por un momento no supo qué decir. Al final de cuentas, era una dama de sociedad y no podía ponerse a insultar con palabras vulgares como una verdulera.
Clara miraba a Esmeralda con incredulidad. La estaba insultando a ella y a David al mismo tiempo, pero lo que más le dolía era que David se quedara ahí parado sin hacer nada.
Inés veía la actitud prepotente de Esmeralda y recordó que, de joven, también había sido así de altiva.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...