Los estudiantes alrededor los miraban con asombro.
¿Acaso ese chico y esa chica no eran novios? La relación entre estos tres tenía una vibra extraña e inexplicable.
Esmeralda se dirigió a una estudiante que estaba cerca y le dijo:
—Disculpa, ¿podrías ayudarlo a sostener esto? Tengo las manos ocupadas con esta ropa y no puedo.
La estudiante se quedó pasmada, levantó la vista hacia el hombre alto y guapo frente a ella, y sus orejas se pusieron rojas.
David desvió la mirada de Esmeralda hacia la alumna y dijo con un tono extremadamente caballeroso:
—Te lo agradezco.
El corazón de la chica dio un vuelco, y se apresuró a recibir la prenda.
—No es nada.
Acto seguido, David se quitó el reloj de la muñeca y se lo entregó a Esmeralda, mirándola con una expresión gentil.
Esmeralda alzó la vista, lo miró y extendió la mano para recibirlo.
David curvó los labios en una sonrisa, se dio la vuelta y entró a la cancha, mirando a Santiago.
—¿Atacas o defiendes?
—Como quieras —respondió Santiago.
Al final, Santiago eligió atacar.
Tras varias rondas.
Terminaron empatados.
Tanto en defensa como en ataque estaban muy igualados, eran rivales dignos el uno del otro.
Esmeralda observaba el partido con los nervios de punta; obviamente, deseaba que Santiago le ganara a David.
La vibración de un celular sonó desde su bolso. Esmeralda reaccionó, sacó el teléfono y vio quién llamaba.
Se dio la vuelta, atravesó la multitud de estudiantes y buscó un lugar tranquilo para contestar.
—Bueno, ¿Gabriel?
Gabriel Loyola comenzó preguntándole sobre unos datos del trabajo.
Al terminar el tema laboral, Gabriel preguntó:
—¿Qué tal se siente volver a la escuela para el aniversario?
—Muy bien, hacía años que no venía. Definitivamente, ser estudiante es lo más relajado que hay.
Gabriel rio.
—¿Qué pasa? ¿Te estoy explotando acaso?
Esmeralda rio suavemente.
—Jamás me atrevería a insinuar eso. Con un jefe tan bueno como el doctor Loyola, no se encuentra otro igual.
—Esa habilidad para hacerme la barba deberías perfeccionarla aprendiendo un poco más de Camilo Arriaga.
—Mi sinceridad es total, doctor Loyola, me ofende que no lo note.
—Hay un poquito que no noto, la verdad.
Esmeralda suspiró con resignación fingida.
—Doctor Loyola, como líder no debería ser tan directo, de verdad hiere el corazón de sus empleados.
Gabriel soltó una carcajada.
—Está bien, entendido. La próxima vez seré más sutil.
Platicaron un poco más y colgaron.
—Esme.
La voz de Santiago la llamó.
Esmeralda levantó la vista, se acercó y preguntó:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...