Enzo entró a la aplicación y lo primero que vio fueron las fotos que Esmeralda acababa de subir: pasto iluminado por el sol, comida y bebida, papalotes volando por los aires, rodeada de sus amigos y seres queridos. En la foto grupal, Esmeralda lucía una sonrisa radiante y genuinamente feliz.
Él simplemente le dio "me gusta" a la publicación en silencio.
Luego volteó a ver al hombre que tenía a su lado, con la expresión dura, y comentó: —Esme se llevó a Isa de día de campo y a hacer una parrillada.
Aunque no se veía a la niña en la foto que había subido, daba por sentado que andaba ahí con ella.
David no le prestó mayor atención y, sin que la voz le temblara, exclamó: —Todavía es temprano, vamos a dar un par de vueltas a la pista de carreras.
Y tras decir eso, se puso de pie y se marchó.
Enzo se limitó a quedarse observando la silueta de aquel hombre alejarse.
Alrededor de las cinco y media de la tarde, el sol comenzó a ocultarse lentamente. El último resplandor del día bañó la pradera de un tono dorado, dándole a todo un aire bastante acogedor.
El grupo empezó a juntar sus cosas para volver a la ciudad.
Abril se llevó a Lidia con Álvaro, mientras que Gabriel se fue de copiloto con Camilo. Dado que Esmeralda había tomado algunas copas de vino tinto, Santiago condujo su vehículo para llevarlas de regreso a ella y a Isa.
El coche se puso en marcha con suavidad y, al cabo de muy poco, Isa recargó su cabecita en el hombro de Esmeralda, cerró los ojos y se quedó profundamente dormida, con una respiración constante.
Santiago sabía de sobra que David planeaba celebrarle el cumpleaños a Isa en Australia, así que obligatoriamente tenían que salir varios días antes.
—¿Las dejo en Lomas del Valle? —preguntó Santiago.
Durante esos últimos dos días no había habido el menor contacto entre Esmeralda y David; Isa era la única que lo llamaba de vez en cuando.
Esmeralda, sosteniendo a Isa contra su pecho, miró por la ventanilla. Lo meditó un instante y le indicó: —Sí, vamos a Lomas del Valle.
Santiago no quiso hacerle preguntas.
Poco más de una hora después.
El vehículo se detuvo frente a la residencia.
Como la niña seguía en el quinto sueño, Esmeralda la tomó en brazos para bajar y le dijo a Santiago: —Llévate mi coche, yo no voy a salir. Vete con cuidado.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...