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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 640

Iván: «Entiendo tu punto. Muchas gracias, Esme.»

Esmeralda: «De nada.»

Iván: «¿Ya saliste de trabajar?»

Esmeralda: «Sí, ya salí.»

Iván: «Qué bueno. Que tengas una linda tarde.»

La plática llegó hasta ahí.

Esmeralda no le dio más vueltas al asunto.

Mientras tanto, en otro lado de la ciudad, Enzo estaba sentado en su coche mirando esa misma conversación en la pantalla del celular. Apretó el teléfono, sintiendo un nudo en la garganta. Leyó la respuesta de Esmeralda una y otra vez y se hizo la misma pregunta un millón de veces: ¿De verdad le había hecho un daño tan grande a su hermana que ya no había marcha atrás?

Después de un silencio que le pareció eterno, salió de la aplicación, dudó unos segundos y terminó marcándole a Manolo.

Manolo trató de consolarlo del otro lado de la línea:

—Tú ya sabes cómo es tu hermana: parece de piedra por fuera, pero es un pan de Dios. El día que decidas hablar con ella y aclararle las cosas, te va a perdonar. No sabes cómo te extrañaba Esme; ella sabe que nadie la consiente como su hermano mayor.

Enzo escuchó en silencio las palabras de su padre. Quizás Esme sí lo recordaba y lo extrañaba mucho en su momento... pero ahora tenía a Álvaro en su vida, y Álvaro se había portado como un verdadero y ejemplar hermano mayor para ella.

Sabía muy bien que Manolo le decía todo eso nada más para animarlo, pero, aun así, escuchar la voz tranquilizadora de su padre le quitó un gran peso de encima.

—Sí, papá. Tienes razón —respondió.

Cerca de las seis y media de la tarde.

Dylan estacionó el coche frente a la Mansión Montes. Se bajó de inmediato, le dio la vuelta al vehículo a paso rápido y le abrió la puerta trasera a su jefa.

Esmeralda se bajó del coche y le dio la orden:

—Espérame aquí.

—Entendido, señora.

Apenas había pisado la entrada, cuando Leandro salió a recibirla.

—Señora de la Garza, pase por favor —indicó.

La actitud de Leandro era sumamente respetuosa, pero era un respeto digno de un invitado cualquiera. Por la manera en la que se dirigía a ella, quedaba más que claro que la familia Montes seguía sin considerarla parte de ellos.

Por supuesto, a Esmeralda eso le tenía sin cuidado.

Sin perder tiempo en rodeos, Leandro guio a Esmeralda por los pasillos de la casa hasta llevarla directo al comedor.

—Tome asiento, por favor —le dijo.

Capítulo 640 1

Capítulo 640 2

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