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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 644

Cecilia y los directivos de Evergreen Capital caminaron en dirección a David.

—Señor Montes.

David los miró y asintió levemente a modo de saludo.

Cecilia se encargaría de armarle un reporte bien detallado sobre todo lo que se había hablado en el evento de ese día.

Los dos ejecutivos se pusieron a platicar con David.

Uno de ellos comentó, como si no quisiera la cosa: —El señor Catalán y el doctor Loyola estuvieron muy de acuerdo en casi todo hoy.

Durante los debates, Enzo se había puesto completamente del lado de Gabriel, dándole la razón a cada uno de sus puntos de vista.

Quien no supiera cómo estaban las cosas, juraría que esos dos tenían alguna clase de sociedad en secreto.

Para la gente de Evergreen Capital, esa actitud por parte de Enzo era una falta de respeto tanto para la empresa como para el mismísimo señor Montes.

Al escuchar eso, David no mostró ninguna reacción evidente. Levantó la vista hacia donde estaban ellos tres y caminó directo hacia allá.

La presencia de ese hombre era tan imponente que llamaba la atención de inmediato.

Esmeralda alcanzó a distinguir su figura elegante y erguida entre toda la multitud en un abrir y cerrar de ojos.

Enzo volteó al ver que se acercaba y le dijo en un tono casual: —Ya llegaste.

David apenas hizo un sonido afirmativo, pues tenía la mirada clavada en Esmeralda. Sus ojos bajaron lentamente hasta fijarse en sus pies.

En el siguiente instante, dio un paso al frente y, sin avisar, se agachó apoyando una rodilla en el piso para sujetarle el tobillo con firmeza.

Ese movimiento tan repentino dejó a Esmeralda completamente congelada.

Sus pupilas se contrajeron y susurró alterada: —¿Qué estás haciendo?

Por instinto, Esmeralda intentó jalar el pie, pero el hombre la sujetaba con tanta fuerza que le fue imposible zafarse.

Él le levantó el pie como si nada. El tobillo delgado y pálido quedó envuelto en la palma del hombre. Sus uñas estaban perfectamente arregladas, pintadas con un tono nude. Delante de todo mundo, el hombre sostenía su pie descaradamente, apoyándolo en su propia rodilla.

En el talón llevaba puesta una curita, pero aun así se notaba la piel roja e irritada en las orillas por el roce del zapato; también traía otra curita en el dedo gordo.

Capítulo 644 1

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