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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 997

Isa corrió hacia David Montes, lo sostuvo con sus manitas y le dijo:

—Isa ayuda a papá.

David Montes apartó la mirada de Esmeralda y, al ver a su hija, su expresión mostraba un amor y una ternura inocultables:

—Solo Isa se preocupa por papá.

Le acarició la cabecita a Isa.

—Papá puede caminar solo.

—Entonces ten cuidado, papá.

David Montes miró de reojo a la mujer a su lado y le advirtió:

—Ten cuidado.

Esmeralda puso los ojos en blanco.

David Montes esbozó una media sonrisa.

Al llegar al baño, Esmeralda colgó directamente la botella de suero en un gancho que había a un lado:

—Llámame cuando termines.

David Montes la observó.

Esmeralda se cruzó con la mirada del hombre y le dijo de mala gana:

—¿Qué me miras? ¿Acaso quieres que te desabroche el cinturón?

David Montes le respondió:

—¿Qué dije yo?

Esmeralda no quiso perder más el tiempo con él, se dio la vuelta, salió del baño y cerró la puerta.

Isa estaba sentadita obedientemente en la silla de la habitación, mirando ansiosa; al ver a su hija, el corazón de Esmeralda se derritió al instante.

Esmeralda se acercó, se sentó al lado de Isa, le pasó el brazo por los hombros y le preguntó:

—Mi amor, ¿en qué piensas?

Isa miró a su mamá y le dijo:

—Mamá, ¿puedes no regañar a papá?

Esmeralda suspiró suavemente; probablemente, en este mundo, solo Isa pensaba que su papá daba lástima.

—Mamá no lo está regañando, ojalá papá fuera la mitad de obediente que Isa.

Isa parpadeó con sus ojazos, soltó un oh y rápidamente estuvo de acuerdo con su mamá:

—Entonces, si papá no hace caso, mamá sí debería regañarlo bien.

Esmeralda miró a su hija con ternura. Menos mal que Isa era una niña buena y obediente; al menos, en lo que respecta a educarla, David Montes era un buen padre.

—Esmeralda.

Desde el baño se escuchó la voz de David Montes.

Capítulo 997 1

Capítulo 997 2

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