Isa corrió hacia David Montes, lo sostuvo con sus manitas y le dijo:
—Isa ayuda a papá.
David Montes apartó la mirada de Esmeralda y, al ver a su hija, su expresión mostraba un amor y una ternura inocultables:
—Solo Isa se preocupa por papá.
Le acarició la cabecita a Isa.
—Papá puede caminar solo.
—Entonces ten cuidado, papá.
David Montes miró de reojo a la mujer a su lado y le advirtió:
—Ten cuidado.
Esmeralda puso los ojos en blanco.
David Montes esbozó una media sonrisa.
Al llegar al baño, Esmeralda colgó directamente la botella de suero en un gancho que había a un lado:
—Llámame cuando termines.
David Montes la observó.
Esmeralda se cruzó con la mirada del hombre y le dijo de mala gana:
—¿Qué me miras? ¿Acaso quieres que te desabroche el cinturón?
David Montes le respondió:
—¿Qué dije yo?
Esmeralda no quiso perder más el tiempo con él, se dio la vuelta, salió del baño y cerró la puerta.
Isa estaba sentadita obedientemente en la silla de la habitación, mirando ansiosa; al ver a su hija, el corazón de Esmeralda se derritió al instante.
Esmeralda se acercó, se sentó al lado de Isa, le pasó el brazo por los hombros y le preguntó:
—Mi amor, ¿en qué piensas?
Isa miró a su mamá y le dijo:
—Mamá, ¿puedes no regañar a papá?
Esmeralda suspiró suavemente; probablemente, en este mundo, solo Isa pensaba que su papá daba lástima.
—Mamá no lo está regañando, ojalá papá fuera la mitad de obediente que Isa.
Isa parpadeó con sus ojazos, soltó un oh y rápidamente estuvo de acuerdo con su mamá:
—Entonces, si papá no hace caso, mamá sí debería regañarlo bien.
Esmeralda miró a su hija con ternura. Menos mal que Isa era una niña buena y obediente; al menos, en lo que respecta a educarla, David Montes era un buen padre.
—Esmeralda.
Desde el baño se escuchó la voz de David Montes.
El celular de Esmeralda vibró. Lo agarró para mirar, y era una llamada del hospital. Se le encogió el corazón y le dijo a Isa:
—Mamá va a salir a contestar.
—Yo voy a vigilar a papá para que se porte bien.
Esmeralda murmuró un sí, no se fijó en la cara del hombre, caminó rápido hacia la puerta y no contestó hasta estar bastante lejos.
El doctor la llamaba para recordarle que mañana le tocaba el chequeo.
Esmeralda, por supuesto, se acordaba. Últimamente hacía mucho calor, así que había elegido este hospital cercano para sus revisiones. Menos mal que David Montes ya se iba a ir pronto.
—Sí, lo sé.
Colgó el teléfono.
Esmeralda se puso la mano sobre el vientre, solo deseaba que el chequeo de mañana le trajera buenas noticias.
David Montes estaba acostado en la cama y, claro, se había dado cuenta de que Esmeralda se había alejado a propósito para contestar el teléfono. Cuando regresó, le preguntó:
—¿De quién era la llamada?
Esmeralda no respondió, y le devolvió la pregunta:
—¿Cómo te sientes ahora?
David Montes clavó sus ojos oscuros en ella, con una mirada escrutadora.
Esmeralda no sabía qué estaba sospechando ahora. Si él seguía quedándose, tarde o temprano no podría ocultárselo. Evitó cruzar miradas con él. Él tampoco le insistió, y se puso a hablar con Isa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...