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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 106

Y, sin embargo, cada vez que me tocaba, mi cuerpo me traicionaba. El corazón se me aceleraba, la piel se me encendía… y cada vez me odiaba un poco más por eso.

Esto no era real. Nada de esto lo era. Alexander no me amaba, no me deseaba. Solo me estaba usando para salvar su reputación y mantener su campaña electoral bajo control. Y yo… yo solo estaba siguiendo el juego porque necesitaba que eventualmente me rechazara para poder seguir con mi vida.

Para cuando terminamos el postre, me dolía la cara de tanto sonreír y la cabeza me latía por el esfuerzo de sostener aquella fachada. Lo único que quería era volver a casa, quitarme la maldita marca falsa y dormir durante una semana entera.

Alexander debió notar mi cansancio porque pidió la cuenta antes de lo esperado.

—Te ves cansada —dijo, y por una vez sonó como si realmente lo notara.

—Lo estoy —admití—. Ha sido una semana demasiado larga.

Ni siquiera había pasado un día completo en casa después del alta del hospital antes de tener que hacer esto. Pero no había tiempo. Teníamos que actuar rápido antes de que el caos mediático empeorara.

El viaje de regreso fue benditamente silencioso. Alexander no intentó continuar con la actuación, y lo agradecí. Apoyé la cabeza contra el respaldo del asiento y cerré los ojos la mayor parte del camino, demasiado agotada para mantenerlos abiertos.

Cuando llegamos a la mansión, me quité los tacones apenas crucé la puerta.

—Voy a darme un baño y luego a dormir —dije mientras subía las escaleras.

Alexander asintió.

—Estaré en mi oficina un rato. Tengo algunos correos que responder.

Arriba me quité el vestido y las joyas casi sin pensar, dejándolos caer donde fuera. Ya me ocuparía de eso mañana. Ahora solo necesitaba el calor del agua para relajar los músculos.

Llené la bañera tan caliente como podía soportarla y añadí una buena cantidad del aceite de cereza y vainilla que Lilith me había regalado. Mientras el agua corría, levanté la vista hacia el espejo.

Piel pálida. Ojos cansados. Y esa maldita marca falsa en el cuello.

Solté un bufido y agarré una toallita desmaquillante. Empecé a borrarla con fuerza, como si pudiera arrancarla también de la piel y de la cabeza. Froté hasta que el cuello se me puso rojo e irritado, y solo entonces me metí en la bañera.

Capítulo 106 1

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