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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 59

Eso fue el colmo.

La gota que derramó el vaso.

—¿Cómo te atreves? —solté, avanzando hacia él—. Tiraste esas palomitas a propósito. Y ni se te ocurra negarlo… vi perfectamente la expresión que pusiste cuando lo hiciste.

La gente a nuestro alrededor ya empezaba a quedarse mirando, pero en ese momento me daba igual.

—Me has faltado al respeto desde el primer día —continué, clavándole un dedo en el pecho—. Me has menospreciado, humillado y tratado como si no valiera nada. Pero sigo siendo la Luna de esta manada, te guste o no. Y vas a respetarme como tal.

El rostro de Gabriel se puso rojo al instante.

Miró alrededor con nerviosismo hacia el pequeño grupo de personas que comenzaba a reunirse alrededor de nosotros. Algunos ya murmuraban entre ellos.

—Tiene razón…

—Un Beta no debería hablarle así a la Luna.

—Es una falta de respeto.

Miré a Alexander esperando encontrar furia o vergüenza en su rostro.

Después de todo, acababa de montar una escena pública, exactamente lo que él había intentado evitar durante las últimas semanas.

Pero, para mi sorpresa, Alexander se veía tranquilo.

No… más que tranquilo.

Había algo oscuro ardiendo detrás de esos ojos verdes.

Una tormenta contenida que no esperaba ver.

—Gabriel —ordenó con voz firme—. Discúlpate con mi pareja.

Los ojos de Gabriel se abrieron de golpe.

—¿Qué?

—Me escuchaste. Discúlpate con la Luna Ella por tu comportamiento.

Gabriel nos miró a los dos, tratando de ver si Alexander hablaba en serio.

Y en cuanto entendió que sí, su expresión se endureció.

—Alfa, no creo que—

—Eso no fue una petición —lo interrumpió Alexander—. Considéralo una advertencia formal. Vuelve a faltarle el respeto a mi Luna y enfrentarás una degradación. Ahora discúlpate.

En la última palabra —discúlpate— el vestíbulo entero quedó en silencio absoluto.

Alexander había usado la Voz Alfa.

La espalda de Gabriel se enderezó de inmediato y su cuello se inclinó ligeramente, exponiendo la garganta en una clara señal de sumisión.

No podía creer lo que estaba escuchando.

Alexander no solo me estaba defendiendo…

Estaba usando la Voz Alfa contra Gabriel.

Contra su mejor amigo de toda la vida.

Contra su Beta de confianza.

Gabriel y Alexander parecían atrapados en algún tipo de enfrentamiento silencioso, sosteniéndose la mirada como si estuvieran librando una batalla de voluntades.

Y después de unos segundos que parecieron eternos, los hombros de Gabriel terminaron hundiéndose apenas, derrotados.

Ni siquiera él podía resistirse a la Voz Alfa.

—Le ofrezco una disculpa, Luna Ella —dijo con rigidez, bajando la cabeza—. Mi comportamiento fue inapropiado.

Durante un momento simplemente me quedé allí parada, demasiado atónita para reaccionar.

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