—El precio de partida para el Lote 1 es de ochenta mil millones de pesos —anunció el subastador, y un murmullo recorrió la sala. Era una cifra base enorme, diseñada para eliminar a los jugadores menores desde el principio.
La puja comenzó casi de inmediato, con una ferocidad que demostraba las altas apuestas.
—¡Ochenta y cinco mil! —gritó un representante de una de las multinacionales, levantando su paleta numerada.
—¡Noventa mil! —contraatacó Javier Londoño desde el otro lado de la sala, su voz era un ladrido de confianza.
Valentina permaneció en silencio, inmóvil. Siguió la estrategia que había acordado con Juana y Mateo: dejar que los otros se desangraran primero. Dejar que el ego y la testosterona inflaran el precio, mientras ella observaba, analizando a sus oponentes, esperando el momento adecuado para entrar en la refriega. Su calma era desconcertante. Varios de sus rivales la miraban, esperando su movimiento, pero ella simplemente observaba, su rostro era una máscara de una serenidad casi antinatural.
La puja se disparó rápidamente. Cien mil millones. Ciento diez mil. Ciento veinte mil. Los incrementos eran de cinco y diez mil millones de pesos, sumas que harían palidecer a la mayoría de las empresas, pero que eran lanzadas con la rapidez de una partida de póker de altas apuestas.
Los jugadores más pequeños comenzaron a retirarse, uno por uno. Un consorcio de empresas de tecnología que había pujado al principio sacudió la cabeza cuando el precio superó los ciento treinta mil millones. La multinacional WPP se retiró en ciento cuarenta, su representante haciendo una llamada furiosa a su sede en Londres.
Pronto, la batalla se redujo a tres contendientes principales: Javier Londoño, cuya determinación parecía alimentada por su odio personal hacia los Vega; el representante de Omnicom, un hombre frío y calculador que parecía tener recursos ilimitados; y, para sorpresa de todos, Eliana Soto, quien pujaba con una calma y una confianza que sugerían que tenía un respaldo financiero mucho más grande de lo que nadie había imaginado.
—¡Ciento cincuenta mil millones! —anunció Londoño, su rostro enrojecido por la emoción.
—Ciento cincuenta y cinco mil —respondió el hombre de Omnicom, su voz era un murmullo monótono.
—Ciento sesenta mil —dijo Eliana Soto, su voz era clara y firme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada