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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 255

El subastador levantó su martillo, su voz resonando en el silencio tenso de la sala.

—Doscientos cuarenta y cinco mil millones de pesos a la paleta número 1. Doscientos cuarenta y cinco mil a la una…

Valentina contuvo la respiración. Podía sentir la victoria al alcance de su mano, tan cerca que era casi dolorosa.

—Doscientos cuarenta y cinco mil a las dos…

Miró a Eliana Soto. La mujer la miraba de vuelta, y en sus ojos, Valentina vio no derrota, sino una expresión de profundo respeto.

—¿Alguien da más por doscientos cuarenta y cinco mil millones? Última oportunidad…

El silencio era absoluto. El martillo comenzó su descenso.

Y entonces, justo cuando el mazo estaba a punto de golpear la madera, una voz clara y firme gritó desde la mesa de Eliana Soto.

—¡Doscientos cincuenta mil!

Un jadeo colectivo recorrió la sala. Eliana había vuelto a la puja, superando su aparente límite en un último y desesperado acto de desafío. La guerra de nervios no había terminado.

Mateo se inclinó hacia Valentina, su voz era un susurro urgente.

—Ese es nuestro límite, Vale. El que fijó mi abuela. Si subimos más, estamos por nuestra cuenta.

Valentina sintió una oleada de pánico helado. Habían llegado tan lejos. Estaban tan cerca. Rendirse ahora, después de haber llegado al umbral de la victoria, era impensable. Miró la paleta en su mano. Podía bajarla. Podía aceptar la derrota. Sería la decisión financieramente prudente, la que cualquier CEO lógico tomaría.

—Trescientos mil millones —dijo.

Un silencio de shock total, absoluto y profundo cayó sobre la sala. La cifra era tan astronómica, tan audaz, tan completamente fuera de escala, que parecía irreal. Era una demostración de poder tan abrumadora que no dejaba lugar a ninguna contraoferta.

Eliana Soto la miró, y por primera vez, su compostura se rompió. Una lenta sonrisa de asombro y admiración se dibujó en su rostro. Sacudió la cabeza, como si no pudiera creer la audacia de su rival, y luego, con un gesto de respeto, inclinó su paleta hacia Valentina antes de colocarla suavemente sobre la mesa. Había sido derrotada, pero lo había sido por una leyenda.

El subastador, tartamudeando ligeramente por primera vez, levantó su martillo.

—Tres… trescientos mil millones de pesos a la paleta número 1. A la una… a las dos… ¡Vendido!

El golpe del martillo resonó en la sala como un disparo que marcaba el final de una era y el comienzo de otra. Valentina se quedó de pie, en silencio, en medio del estallido de aplausos y murmullos de asombro. Había querido el castillo. Y acababa de comprarlo.

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