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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 37

Al día siguiente, Valentina continuó consolidando su control sobre el proyecto, y su primera acción fue reestructurar el equipo. Sabía que el grupo asignado por Alejandro era una mezcla de talento real y, lo que era más peligroso, de lealtades divididas. No podía permitirse tener espías o saboteadores en una misión tan crítica. Su enfoque no fue confrontacional, sino quirúrgico y estratégico.

Primero, llamó a Carlos Nieto a su oficina. El corpulento productor entró con una expresión de lealtad incondicional en su rostro.

—Jefa, a sus órdenes —dijo, su voz grave era un bálsamo de confianza en medio de la tensión de la agencia.

—Carlos, necesito que seas el productor principal de "Joya Real" —dijo Valentina sin rodeos—. Pero no solo eso. Necesito que seas mis ojos y mis oídos en todo lo que respecta a la producción. Proveedores, presupuestos, logística. Todo tiene que pasar por ti. No quiero sorpresas.

Carlos asintió, su rostro serio. Entendió perfectamente el subtexto. Valentina no solo le estaba dando una responsabilidad; le estaba confiando la seguridad del proyecto.

—Considérelo hecho, jefa. Nadie va a meterle un gol a este equipo.

A continuación, Valentina revisó la lista de creativos. Identificó a dos diseñadores que eran conocidos por ser los "chismosos" de la oficina, leales a cualquiera que les ofreciera un poco de atención, lo que los convertía en peones perfectos para Isabella. En lugar de despedirlos del equipo, una acción que habría creado un drama innecesario, les asignó una tarea "fundamental".

—Ricardo, Andrea —les dijo en una reunión privada, su tono serio y lleno de importancia—. Necesito que se encarguen de una investigación de archivo. Quiero que recopilen todas las campañas de joyería impresas de los últimos cincuenta años. Vogue, Harper's Bazaar, Vanity Fair… todo. Es un trabajo monumental, pero necesito entender nuestro pasado para construir el futuro. Confío en ustedes para esta misión.

Los dos diseñadores se sintieron halagados y se sumergieron en la tarea con entusiasmo, sin darse cuenta de que acababan de ser elegantemente marginados y enviados a la biblioteca de la agencia, un agujero negro del que no saldrían en semanas. Estarían ocupados, se sentirían importantes y, lo más crucial, estarían lejos del núcleo creativo del proyecto.

Andrés se quedó sin palabras. Pasó de ser un diseñador junior casi invisible a ocupar uno de los puestos más importantes de la campaña más grande del año.

—Yo… no sé qué decir. Es… es una oportunidad increíble.

—El talento hay que reconocerlo, Andrés —dijo Valentina con una sonrisa—. Trabajarás directamente conmigo. Quiero que todas tus ideas, incluso las más locas, lleguen a mi escritorio. No dejes que nadie te diga que no son lo suficientemente buenas.

Al elegir a Carlos por su lealtad y a Andrés por su talento puro, y al neutralizar elegantemente a las posibles amenazas, Valentina no solo estaba formando un equipo de trabajo. Estaba construyendo un ejército. Un pequeño grupo de personas leales y brillantes, unidas no por la política de la oficina, sino por el respeto mutuo y la pasión por crear algo extraordinario. La noticia de sus decisiones se extendió por la agencia, enviando un mensaje claro: bajo el mando de Valentina, la meritocracia había vuelto. El talento y la lealtad eran la nueva moneda de cambio, y el viejo sistema de favores y chismes estaba empezando a desmoronarse.

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