Mientras Valentina se convertía en el epicentro de la atención y la admiración del salón, Alejandro seguía varado en el escenario, una figura solitaria y desconcertada. El espectacular show de luces y sonido orquestado por su esposa continuaba a su alrededor, pero él ya no formaba parte de él. Era como un rey que se hubiera quedado dormido en su trono solo para despertar y descubrir que su corte se había trasladado a otro palacio sin avisarle.
Cuando el cortometraje sobre los empleados terminó con una última y emotiva imagen, y la ovación final se desvaneció, Alejandro intentó desesperadamente recuperar el control. Carraspeó en el micrófono, que ahora, gracias al equipo de respaldo, funcionaba perfectamente.
—Eh… gracias. Un momento muy… emotivo —dijo, su voz sonando débil e incierta en comparación con la potencia de la producción que acababa de presenciar—. Como iba diciendo antes de esa… interrupción técnica, el futuro de Grupo Vega es brillante…
Pero era inútil. Nadie le prestaba atención. El hechizo se había roto. La audiencia, que antes estaba cautiva por su presencia de CEO, ahora estaba de pie, girándose, buscando con la mirada a la verdadera artífice de la magia de la noche. Los murmullos llenaban el salón, y las palabras que se repetían no eran "legado" ni "Vega", sino "Valentina", "¿cómo lo hizo?" y "espectacular".
Vio cómo las figuras más importantes de la sala, los hombres que él había pasado horas intentando impresionar, se dirigían no hacia el escenario para felicitarlo, sino hacia el fondo del salón, donde Valentina acababa de aparecer. Se formó un círculo a su alrededor, un centro de gravedad al que todos eran atraídos.
—¡No me hables de fallos técnicos! —replicó su padre, su voz era un gruñido bajo—. ¡Háblame de poder! Y esta noche, todo el poder en esta sala está allí.
Señaló con la cabeza hacia el grupo que rodeaba a Valentina. El eclipse era total y absoluto. Alejandro, el sol alrededor del cual se suponía que debía girar todo el universo de Grupo Vega, había sido completamente eclipsado por la luna, su esposa, quien de repente brillaba con una luz propia, una luz que él nunca supo que poseía y que ahora lo dejaba en una profunda y humillante sombra. Intentó abrirse paso entre la multitud para llegar a ella, para reclamar su lugar a su lado, pero la gente apenas se apartaba. Era solo uno más en la multitud, intentando acercarse a la verdadera estrella de la noche.

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