Capítulo 105: Porque así es el amor.
Daisy tragó saliva, sintiendo el pulso en las sienes. Su cuerpo quería girar y correr hacia la oscuridad, seguir buscando a Cassian, pero la presencia de Alexander era una barrera de acero.
—Tengo que irme, Alexander —soltó ella, girándose. Pero una mano se cerró sobre su brazo como una tenaza de acero.
El tirón fue seco, violento. Alexander la obligó a girar, encarándola bajo la luz amarillenta de un farol.
La respiración de él llegaba en ráfagas calientes contra el rostro de ella.
—¿Irte?
Notó las marcas rojizas en su cuello, el cabello revuelto, el vestido arrugado y las manchas frescas en la tela.
—Estabas ahí, ¿verdad? Eras tú con él —preguntó aunque la respuesta era obvia.
Daisy no bajó la mirada.
Pero una punzada le atravesó el pecho, no por vergüenza, sino por la pena de lastimarlo. Aun así, su decisión ya estaba tomada, se soltó de un tirón y lo miró a los ojos.
—Sí… estaba con Cassian.
Alexander apretó los labios hasta que se volvieron una línea blanca. Su postura se endureció, como si alguien hubiera desafiado una orden directa.
—Eres una estúpida. ¿Cómo puedes seguir cayendo con Cassian? ¿No te das cuenta de que él no te valora en absoluto?
Daisy se mantuvo firme, con el pulso acelerado pero la voz clara.
—Porque lo amo. Y… por mucho que intente reemplazarlo contigo, con miles, no podré. Lo amo tal como es: arrogante, orgulloso, con toda su oscuridad. ¿Y sabes qué? No le quitaría nada, porque así es el amor.
Las palabras le cayeron como un golpe seco. Alexander metió la mano en el bolsillo del saco y apretó la cajita que llevaba dentro.
De pronto como un último movimiento desesperado, la sacó, la abrió y se la extendió.
—Cásate conmigo… Dame la oportunidad de hacerte olvidar a Cassian.
Ella miró el anillo.
Pero no sintió nada.
Ni calor, ni nervios, ni ilusión.
Había sentido más por la simple llave del auto que Cassian le había dado una vez, que por esto. Tomó la cajita con suavidad, observó el anillo un segundo y luego la cerró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO