La empleada del mostrador sonreía mientras comenzaba a hacerle una recomendación.
—Señora, ¿busca algún collar para usted?
Ivana, que normalmente no sabía nada de estas cosas, sintió que el estilo de la tienda era un poco más para gente mayor.
Pronto, su atención fue captada por el logo de una marca cercana, con un diseño moderno y minimalista, que parecía ofrecer artículos más juveniles.
Se fijó en un collar de color púrpura.
—Disculpe, ¿este cuesta unos miles de pesos?
La vendedora se quedó helada por un momento, queriendo advertirle que ese artículo no se podía comprar por unos cuantos miles de pesos.
De repente, se escucharon unas carcajadas no muy lejos. Unas mujeres jóvenes, elegantes y a la moda, se acercaron con una burla evidente en sus rostros.
—¿De dónde salió esta pueblerina? ¡Ni siquiera reconoce un diseño de autor famoso! Con unos miles de pesos no te alcanza ni para una imitación, ¿sabes?
La que habló era una chica de unos veinte años, más o menos de la edad de Ivana.
Y la que caminaba al final del grupo era, precisamente, ¡Yadira!
Después de todo, ella había asistido a una escuela privada, y la mayoría de sus compañeros pertenecían a ese círculo social.
Al contrario de Ivana, que desde pequeña solo se había dedicado a matarse estudiando y no era buena para socializar, Yadira siempre fue astuta, de lengua dulce y sabía cómo manejarse.
Por eso, incluso en su círculo, era la consentida del grupo.
Especialmente después de que sus piernas quedaron destrozadas y ya no pudo volver a bailar, todos sentían aún más lástima por ella y la cuidaban mucho.
Al ver a Ivana, Yadira también pareció algo sorprendida.
—¿Qué haces comprando sola?
Ivana palideció. No tenía ninguna gana de hablar con ellas.
Pero era evidente que no pensaban dejarla en paz. Una de ellas se adelantó a hablar.
—¡Ay, Yadira, ya deja de hacerte la buena! ¿Acaso ves que te esté poniendo buena cara?
—¡No deberías ser tan blanda! Si yo fuera tú, cada vez que la viera le daría una bofetada. ¿Ya se te olvidó cómo te arruinó la vida? ¡Tu baile había ganado premios en competencias nacionales y todo se fue a la basura por su culpa!
—¡Mejor vámonos ya, no nos vaya a pegar su mala suerte!
Dicho esto, las chicas se fueron, dejando solo a Yadira e Ivana.
En cuanto se quedaron solas, Yadira reveló su verdadera cara y dijo con frialdad:
—¿Ya viste en lo que te has convertido? Desde niña solo te importaba estudiar. ¿Y de qué te sirvió sacar buenas calificaciones? ¡No eres más que una practicante que trabaja para AlfaDesarrollo!
—Y aun así, puedo hacer que todos te odien. Lo sabes bien, la gente siempre me prefiere. Papá lo hace, ¡y Nelson también!
—¡Ya ríndete!
Esas palabras fueron como dagas afiladas que se le clavaron directamente en el corazón.

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