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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 134

Después de salir del trabajo, Ivana fue directamente a la Calle de San Rafael.

Cuando abrió la puerta de la habitación de su madre, el lugar estaba lleno de gente.

Horacio y su hijo Emilio estaban allí. ¡Y también Nelson!

—¡Ivana, ya llegaste!

Ivana trató de relajar su expresión y, actuando con normalidad, se acercó a Nelson, deteniéndose a medio metro de él.

De repente, él se giró y le tendió la mano.

—Dame tu celular.

Ivana frunció ligeramente los labios, pero no dijo nada frente a su madre y le entregó su teléfono.

Nelson lo tomó, abrió la lista negra de contactos y desbloqueó su propio número.

En la cama del hospital, Mariana, con una sonrisa que no se le veía en mucho tiempo, le hizo señas a su hija para que se acercara.

Ivana, a regañadientes, tuvo que mover su silla un poco más cerca de Nelson.

—¿Me enteré de que empezaste a trabajar hace poco? —le preguntó Mariana.

«¿Me enteré?», pensó Ivana, levantando una ceja y mirando de reojo a Nelson. Asintió con la cabeza.

—Es solo un trabajo de pasante.

Mariana frunció el ceño ligeramente.

—Pero tu salud…

La herida de cuchillo que Ivana había sufrido años atrás le había dejado secuelas muy graves; de no ser por eso, no habría abandonado la universidad.

Mariana, naturalmente, estaba preocupada por su estado físico, pero apenas había empezado a hablar cuando Emilio, que estaba recostado en el borde de la cama, la tomó de la mano.

—Mamá, este fin de año quiero volver a prender luces de bengala. Papá dijo que a lo mejor nos toca pasar el 31 aquí en el hospital; ¿aun así vamos a cenar rico y comer uvas?

Mariana se giró de inmediato para acariciarle la cabeza, con una mirada llena de ternura.

—¡Claro que sí!

Ivana abrió la boca, pero se guardó lo que iba a decir y se limitó a sonreír mientras los veía platicar.

Claro, el fin de año ya se acercaba.

Horacio le pasó a Mariana una manzana que acababa de pelar.

Sin darse cuenta, había pasado de ser la que esperaba recibir regalos a la que tenía que prepararlos para los demás.

Ivana había sido hija única. Siempre creyó que el amor que recibía de sus padres era exclusivo e incondicional.

Alguien que no es hijo único probablemente no pueda entender ese sentimiento.

Ivana daba todo eso por sentado, pero al crecer, descubrió que el amor de su padre ya se había dividido para dárselo a alguien más.

Solo le quedaba el amor de su madre, el ancla más sólida de su vida.

Pero ahora, ¡también tenía que compartirlo!

Mirando las luces de la ciudad, Ivana se dio cuenta de algo de repente.

Para todos, parecía haberse convertido en alguien que ya no era la persona más importante, en alguien prescindible.

La invadió una enorme sensación de soledad.

Tomó el metro de regreso a Residencial Valle de Ónix. Después de asearse, pensaba revisar su celular, pero volvió a toparse con el artículo del blog de la mañana y se le quitaron las ganas.

Decidió acostarse temprano, pero justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, ¡escuchó unos porrazos en la puerta principal!

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