Ivana no durmió muy bien esa noche y llegó a la oficina con unas enormes ojeras.
Por suerte, ¡hoy no había más flores en su escritorio!
«Seguro fue algún pervertido», pensó.
Pero aunque intentaba consolarse con esa idea, seguía sintiendo un escalofrío.
Si esa persona pudo fotografiarla en ese momento tan vergonzoso afuera del baño del hotel, debía ser alguien de la fiesta. Pero ¿quién podría ser?
Después de darle vueltas un buen rato sin llegar a ninguna conclusión, Ivana decidió culpar de todo a Nelson.
Al fin y al cabo, si él no hubiera insistido en llevarla a esa fiesta, ¿habría tenido todos estos problemas?
Ivana se dijo a sí misma que dejara de pensar en el pervertido y mejor tomó su celular para navegar por internet.
Cuando se despertó esa mañana, el tema del trasplante y la donación de órganos había llegado a ser tendencia, pero bajó de popularidad muy rápido. Sospechaba que alguien lo había mandado a quitar.
Anoche, cada vez que las publicaciones sobre el tema estaban a punto de superar los cien millones de vistas, eran suprimidas de inmediato.
A Ivana se le hizo un nudo en el estómago. Pero pronto, la publicación de un reportaje profesional de Tania fue como una piedra arrojada a un estanque, provocando una conmoción.
¡El reportaje no solo incluía grabaciones de entrevistas y señalaba puntos dudosos en los procedimientos del hospital, sino que también presentaba todo tipo de pruebas!
Tania llevaba muchos años en la profesión y tenía una excelente reputación en el medio. Sus artículos siempre eran incisivos. En el pasado, había expuesto casos de explotación laboral y destapado redes de clínicas estéticas clandestinas.
[Mientras una niña espera en una fila donde se juega la vida, ¡alguien usó sus privilegios para saltar directamente a la meta!]
[Solemos decir que la vida es lo más importante y que los niños son la esperanza del futuro. ¡Una familia que ya es desafortunada no debería sufrir además esta injusticia!]
La opinión pública en internet se extendió como un reguero de pólvora.
Pacientes de todo el país empezaron a organizarse y a dejar listones blancos y carteles a la entrada de los hospitales, como símbolo de esperanza y de una exigencia simple: un sistema justo.
***
Mientras tanto, en la oficina del presidente en la torre de la sede del Grupo Zavala.
Mauro Zavala, ya con más de cincuenta años, estaba sentado detrás de su amplio escritorio. Tamborileaba con los dedos sobre la pantalla de su tablet, su expresión impasible, pero con una profunda oscuridad en la mirada.
En el octavo lugar de la lista de tendencias, destacaba un titular llamativo:
#Farmacéutica del Grupo Zavala usa su poder para alterar la lista de trasplantes. ¿Dónde quedó su ética tras cien años de reputación?#

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