Joel le explicó:
—Tuvo que salir de viaje. El hospital necesitaba un equipo grande para cirugías de trasplante de órganos. ¡Debería volver esta misma noche!
La expresión de Ivana se tensó un poco.
—Ah, ya veo...
Después de pensarlo, volvió a sonreír.
—Con razón. Recuerdo que Nelson me mencionó una vez la enfermedad del niño de la habitación 609. Creo que estaba esperando un trasplante de riñón, ¿verdad? ¡Pobrecito, tan pequeño!
La última vez había seguido a Nelson hasta el cuarto del hijo de Yadira, y por eso recordaba el número de la habitación.
Joel asintió afanosamente.
—Así es. El niño tiene poliquistosis renal hereditaria, y su caso ya es muy grave. Por eso siempre hemos estado muy al pendiente de él.
Él ya se había topado antes con el drama que esos tres habían montado fuera del quirófano. En esa ocasión, Ivana gritaba que quería el divorcio, así que él pensó que a ella le molestaría mucho el tema del hijo de Yadira. ¡No se imaginó que Nelson ya se lo había mencionado en privado!
La sonrisa de Ivana no vaciló.
—Bueno, me voy entonces. No te interrumpo más.
Joel se despidió con la mano y se dio la vuelta para entrar.
La sonrisa de Ivana se desvaneció gradualmente. Bajó la cabeza y empezó a caminar de regreso, con los pensamientos hechos un nudo. Aunque la luz del pasillo era suave, su rostro se veía pálido bajo ella.
De repente, se detuvo en seco y, sin darse cuenta, levantó la cabeza. Cuando conoces a alguien demasiado bien, puedes reconocerlo hasta por el sonido de sus pasos.
Era evidente que Nelson acababa de llegar. No había tenido tiempo de ponerse la bata blanca; el cuello de su camisa oscura estaba impecable y los gemelos de plata que asomaban por sus puños brillaban sutilmente bajo la luz. Aunque su rostro mostraba el cansancio del viaje, su postura seguía siendo tan erguida como siempre.
Estaba mirando las tendencias en su celular cuando, de repente, como si una fuerza invisible lo atrajera, levantó la vista.
En el instante en que sus miradas se encontraron, sus pasos se detuvieron.
Joel acababa de enviarle un mensaje diciéndole que Ivana había venido a buscarlo, y él apenas podía creerlo.
Sin embargo, antes de que Nelson pudiera decir algo, Ivana ya había hablado con frialdad:
—Vaya que te has esforzado por el hijo de Yadira.
El corazón de Nelson se encogió, como si le hubieran clavado una aguja.



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