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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 198

¡Gilda se quedó boquiabierta!

—¿Quién se cree que es? ¿Obligarte a arrodillarte? ¿En qué siglo vive? No me digas que de verdad te arrodillaste.

Ivana asintió.

Gilda se enfureció y se remangó la blusa: —¡Si fuera yo, le habría volteado la mesa! ¿Eso es vida? ¡Si estuviera en tu lugar, te juro que me volvería loca!

Ivana dio un sorbo a su vaso de jugo, luciendo sumamente tranquila: —Como viste hace rato, mi mamá se está recuperando bien. Seguramente la darán de alta después de Fin de Año, y entonces planeo hablar seriamente de divorcio con Nelson.

—Pero aunque ya tomé la decisión hace tiempo, cada vez que veo a Nelson o escucho su voz, me doy cuenta de que pierdo el control de mis emociones con mucha facilidad.

Gilda lo entendió de golpe: —¡Ya veo, Ivana! ¡Ese hombre es tóxico para ti, te roba la energía!

A Ivana le pareció que tenía mucha razón. Si fuera como en los viejos tiempos, dirían que ella y Nelson simplemente eran como el agua y el aceite.

Mientras seguían platicando, Gilda mencionó que tendría un par de días libres. Resulta que en Montaña del Destello estaban grabando una serie larga de temática médica, y a ella le había tocado el papel de la villana.

Por eso había ido dos veces al hospital hoy, para meterse en el personaje.

¡También le preguntó a Ivana si tenía tiempo para acompañarla a dar una vuelta por allá!

—¡Olvida eso por ahora, Ivana! ¡Al rato te llevo a relajarte un poco! —dijo Gilda, y luego se le acercó al oído para susurrarle misteriosamente—: Hace poco abrieron un antro nuevo, hay chicos guapos bailando, ¡y andan medio desnudos!

Ivana soltó una carcajada, se sonrojó de inmediato y empezó a sentirse tentada.

Pero en ese momento, el teléfono que tenía a la mano vibró.

Solo le echó un vistazo y la sonrisa desapareció de su rostro al instante.

Gilda se asomó a ver: —¿Quién es?

¿Quién más podría ser?

¡Nelson!

—Mi adorada Ivana y yo vamos a ir a unas aguas termales esta noche para relajarnos. Si al doctor Zavala no le da miedo que lo confundan con un pervertido, ¡véngase a bañar con nosotras! Ahorita le paso la ubicación, ¡besitos!

Dicho esto, colgó la llamada directamente.

Ivana no pudo evitar soltar una carcajada. Hasta podía imaginarse la cara de estreñimiento que debía tener Nelson en ese momento.

Pronto, llegó un mensaje del otro lado.

[¡Deja de andar de vaga y regresa a la casa de inmediato!]

Ivana lo ignoró por completo y apagó el teléfono.

—Ivana, mañana voy a ir a grabar, ¿me acompañas?

—¡Si me necesitas, por supuesto que te acompaño!

De todos modos, ¡Ivana no tenía nada más que hacer en sus días libres!

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