A la mañana siguiente.
Nelson quería volver a casa temprano, pero recibió una llamada de la comisaría pidiéndole que fuera a dar su declaración.
Después de todo, alguien había muerto el día anterior y necesitaban cerrar el caso.
Y Nelson había sido el primero en entrar a la escena del crimen.
La tal Rosita había fallecido.
Por respeto a la privacidad de la víctima, la policía no hizo pública la causa exacta de la muerte.
Sin embargo, en su celular encontraron pruebas de transacciones de carácter sexual entre ella y Alberto.
Alberto fue detenido en el acto, sin posibilidad de defenderse, y ahora solo esperaba el juicio para recibir su condena.
Pero a Nelson no le importaba el destino de ninguno de los dos; solo quería saber cómo Ivana había terminado involucrada en todo ese asunto.
La policía había encontrado fotos de Ivana en un cajón de la oficina de Alberto, lo que apuntaba a que todo había sido una trampa fríamente calculada.
Cuando le hicieron las pruebas toxicológicas a Alberto, confirmaron que tenía restos de drogas en su sistema.
Él no solo negó haber asesinado a Rosita, sino que juró no saber absolutamente nada sobre Ivana.
No obstante, como la droga en su cuerpo tenía efectos de amnesia temporal, la policía sospechaba que había actuado por impulso, aliándose con Rosita para atacar a Ivana.
Solo que Ivana logró escapar.
Y como Rosita estaba muerta, no había forma de probar nada más.
En cuanto a Ivana, afortunadamente no había sufrido ningún daño físico real.
En circunstancias normales, ella también tendría que haber ido a la comisaría a dar su testimonio sobre lo ocurrido.
Pero Nelson argumentó que Ivana estaba en estado de shock y, tras mover algunos hilos con los altos mandos, evitó que la obligaran a ir.
Para cuando terminó con todos estos trámites, ya era de tarde.
Nelson llamó a su asistente para confirmar que todo estuviera en orden en el hospital, y luego condujo directo a la oficina de Ivana.
Ivana salió más de una hora después de su horario habitual.
Nelson la interceptó en el estacionamiento.
—¿Qué tan ocupada puede estar una pasante como para tener que hacer horas extras?
Ivana siguió sin responder, pasando las páginas de los documentos que llevaba en la mano.
Al mismo tiempo, repasaba mentalmente lo que habían hablado en la reunión de ese día.
Silverio les había dicho que les daría unos días libres, pero al parecer había un proyecto para la gala de Fin de Año que requería la ayuda del equipo de AlfaDesarrollo.
¡Un año más que se iba, qué rápido pasaba el tiempo!
Nelson no soportó más su silencio castigador y le arrebató los documentos de las manos.
—¡Si vas a estar agotándote así todos los días, mejor renuncia y vete a casa!
Las vueltas que da la vida.
Al verlo tan frustrado y perdiendo la paciencia, Ivana sintió una extraña y placentera satisfacción.
Mientras veía cómo él seguía moviendo los labios para reclamarle, ella, por el contrario, fijó su atención en su rostro.
Para ser honesta, era un hombre muy atractivo.
Sus facciones eran marcadas, con unos ojos oscuros y profundos. Cuando la miraba, su mirada era tan gélida como cautivadora.

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