Ivana se quedó un poco confundida.
—¿Ustedes se conocen?
Nacho asintió:
—¡Claro que sí! Si logré contactar al doctor Zavala para la cirugía de mi madre en aquel entonces, fue gracias a la recomendación de don Gonzalo. Por supuesto que nos conocemos.
Él estaba a punto de entrar en detalles, cuando alguien lo llamó desde atrás.
—Tengo un asuntito que atender allá, ¡sigan platicando ustedes! —dijo Nacho, y se fue a toda prisa.
Gonzalo miró a Ivana de arriba a abajo.
—¿Cómo ha estado tu salud últimamente?
Ivana apartó la mirada por inercia, pero mantuvo la sonrisa.
—¡Todo está de maravilla!
Al ver el rostro evidentemente más delgado de Ivana, Gonzalo frunció un poco el ceño y preguntó de inmediato:
—¿Y por qué estás sola aquí? ¿Dónde está Nelson?
Gonzalo no solo era el mentor de Nelson, sino que también había sido el padrino de bodas de la pareja.
Sin embargo, no había conocido a Ivana a través de Nelson.
Durante las vacaciones largas, siempre que tenía tiempo libre, Ivana iba al hospital a hacer trabajo voluntario, ayudando a limpiar las habitaciones y a los pacientes con su rehabilitación.
Sobre todo, con los pacientes mayores, a quienes sus hijos no podían cuidar durante el día por cuestiones de trabajo, Ivana se encargaba de llevarles la comida.
Muchos de esos ancianos, por miedo a ser una molestia para los enfermeros si tenían que ir al baño, aguantaban o evitaban tomar siquiera un sorbo de agua.
Pero Ivana les llevaba agua tibia todos los días, insistiéndoles en que bebieran siempre que tuvieran sed, porque de lo contrario les haría mal a la salud.
Además, cada cierto tiempo, llevaba a los abuelitos al baño sin mostrar la más mínima señal de fastidio, así que todos la adoraban.
Con el tiempo, incluso Gonzalo se enteró de la existencia de esa jovencita que frecuentaba el hospital como voluntaria.
En aquel entonces, Gonzalo nunca imaginó que existiera una conexión entre esos dos.
Hasta que, un día, descubrió a Nelson en su laboratorio aprovechando un momento de descanso para practicar algo muy extraño.
Al preguntarle, se enteró de que estaba practicando trucos de magia.
Con la personalidad habitual de Nelson, jamás lo había visto interesarse por juegos tan pintorescos.



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