Yadira sonrió para sus adentros.
No quería presionar más a Nelson ni hacerlo enojar; su estrategia era ir paso a paso. Habría muchas oportunidades en el futuro, y no valía la pena arruinar su imagen ante él en ese momento.
Se puso de pie con elegancia, preparándose para irse.
—Bueno, no te quito más tiempo. Ah, por cierto, dentro de poco es el último ensayo general. No te olvides de que prometiste llevarme.
—De acuerdo.
Por la tarde, cuando el turno de Nelson estaba a punto de terminar.
Joel se acercó a su oficina.
—Dr. Zavala, ¿para qué fechas programamos las vacaciones del equipo este año? El departamento de logística acaba de preguntar.
En una clínica privada como esa, las admisiones de pacientes requerían citas previas, por lo que necesitaban conocer las fechas de descanso con antelación para bloquear los ingresos en la zona de hospitalización.
Nelson respondió sin dudarlo:
—Ajústalo como siempre, que caiga alrededor del 25 de mayo.
Joel asintió. Se lo esperaba.
Sin embargo, antes de retirarse, se dio la vuelta y se atrevió a opinar.
—Dr. Zavala, disculpe mi atrevimiento, pero... ¿no se lo ha dicho a su esposa? ¡El viaje anual de la clínica siempre se programa exactamente para la fecha de su aniversario de bodas!
—Ella siempre se queja de que usted es poco detallista, de que no es romántico. Si tan solo le explicara por qué hace esto, todos esos malentendidos desaparecerían, ¿no cree?
Lo cierto era que en las clínicas privadas casi no existía la costumbre de dar vacaciones conjuntas a todo el personal.
Esa norma la había inventado Nelson justo después de casarse, ¡y cualquiera con dos dedos de frente sabía el verdadero motivo!
Sin embargo, con el reciente regreso de Yadira al país y el ingreso de su hijo en el hospital, los cuidados especiales que Nelson les dedicaba habían desatado toda clase de chismes entre el personal.
¿Por qué otra razón habrían hecho todos la vista gorda un par de días antes, cuando Yadira intentó sacar al niño de la habitación? ¡En el fondo, todos daban por hecho que había gato encerrado entre ellos dos!
Joel sospechaba que Ivana probablemente había malinterpretado la situación debido a esos rumores, así que intentaba echarle una mano a su jefe.
Pero Nelson se mantuvo terco:
—Mi matrimonio está en perfectas condiciones. ¡Mi esposa y yo nunca peleamos!
Nelson no respondió; simplemente dio media vuelta y salió.
Ivana no tuvo más remedio que agarrar su celular y seguirlo hasta el auto.
Creía que él quería llevarla a comprar ropa otra vez, pero, para su sorpresa, el coche se detuvo frente a otra casa.
¡Era Villa Nevada!
Al ver los adornos familiares en la entrada, a Ivana le temblaron las pestañas. No hizo ningún amago de bajarse del auto.
—Nelson, ¿qué pretendes con todo esto?
Nelson giró la cabeza para mirarla, con la incredulidad reflejada en los ojos.
—¿Qué acabas de decir?
Esa casa se llamaba Villa Nevada. Era el lugar donde habían hecho el amor por primera vez, la casa donde habían vivido juntos y el escenario exacto donde él le había propuesto matrimonio.
¿Y ahora le estaba diciendo qué pretendía con todo eso?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado