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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 295

Esas palabras hicieron que Nelson frunciera el ceño de inmediato.

—Abuela, ¿por qué vuelves a hablar mal de ella? Fui yo quien cometió una imprudencia y por eso tuve el accidente. ¿Qué tiene que ver ella en esto?

Su voz sonaba áspera, reseca, cargada de agotamiento y fastidio.

La noche anterior, al marcharse de la casa de Silverio, su mente era un completo caos. Al tomar una curva sin prestar atención, terminó estrellándose contra la barrera de seguridad.

Se había lesionado el brazo en el impacto, aunque por suerte no hubo fracturas.

—¿Crees que me da gusto hablar de ella? —La voz de Daniela se tornó aún más aguda—. No cuidas de ti mismo. Tu hermano ya no está con nosotros. Si te llega a pasar algo, a mí me vas a matar de un disgusto...

—Abuela, ¡basta ya, guarda silencio!

Nelson cerró los ojos, fastidiado. El solo hecho de escuchar a otros mencionar su nombre le provocaba dolor de cabeza.

Daniela se quedó sin palabras. Su nieto siempre solía darle la razón, casi nunca le contestaba de esa forma.

Pero, apenas recuperó la conciencia, el primer instinto de Nelson fue buscar su teléfono. Ese brusco movimiento hizo que el dolor en su herida estallara, dejándolo pálido.

Daniela no pudo ocultar su preocupación.

—¡Te dije que no te movieras! Casi te rompes el brazo. ¡Si necesitas algo, solo pídelo!

Nelson estiró el cuello, buscando a su alrededor.

—¿Dónde está mi teléfono?

Yadira se acercó rápidamente y abrió el cajón de la mesa de noche.

—Cuando la enfermera te cambió la ropa, sacó las cosas de tus bolsillos y yo te lo guardé aquí.

Nelson tomó el celular con urgencia. Tras revisar la pantalla y no encontrar lo que buscaba, se recostó nuevamente, sin poder ocultar su decepción.

—Quiero descansar. Por favor, salgan de la habitación.

Daniela todavía quería conversar un rato más con él, pero Yadira intervino con dulzura para tranquilizarla.

—No se preocupe, abuela. Yo me encargaré de cuidar a Nelson.

—Solo me lamento de que mi origen familiar me haya impedido estar con él. Ahora, al verlo sufrir tanto por la inmadurez de Ivana, ¡se me rompe el corazón!

—Pero, al fin y al cabo, Ivana sigue siendo legalmente su esposa. No me corresponde entrometerme en los problemas de ambos, no quiero que vuelva a señalarme con el dedo y a insultarme llamándome destructora de hogares como la última vez.

—Podría soportar que me ofenda a mí, ¡pero ni siquiera respetó al pequeño Jaime! ¡Un niño tan inocente, y ella se atrevió a decirle cosas tan crueles!

El desprecio en el rostro de Daniela se hizo aún más evidente.

—¿Acaso no ves cómo ha arruinado a Nelson? Es una verdadera maldición. ¡Seguro que estamos pagando los pecados de otra vida!

—Pierde cuidado, encontraré la forma de hacer que firmen los papeles de divorcio lo antes posible.

—Si esa cualquiera quiso irse, ¡entonces que no se atreva a regresar jamás!

Yadira por fin pudo respirar con alivio.

—Nelson es un buen nieto, estoy segura de que seguirá sus sabios consejos.

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