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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 318

Se arrastró rápidamente por el suelo y, al comprobar que las fotos y la memoria USB seguían ahí adentro, soltó un suspiro de alivio.

Pero no se dio cuenta de que, a sus espaldas, Hugo se había levantado tambaleándose.

—¡Maldita sea!

Los músculos de su rostro temblaban de rabia. De repente, sacó algo de su cinturón, apuntó en dirección a Ivana y apretó el gatillo.

¡Bang!

El sonido sordo del disparo retumbó en el espacio cerrado.

El hombre de la mascarilla soltó un gruñido ahogado. Su cuerpo se tambaleó levemente y, en su hombro derecho, comenzó a florecer una mancha de sangre roja y brillante.

Solo se detuvo una fracción de segundo. Apretando los dientes, agarró la mano de Ivana y tiró de ella hacia la salida.

Ivana se había quedado paralizada por el ruido del disparo, que le dejó un zumbido en los oídos, pero su instinto de supervivencia la hizo reaccionar al instante.

La mano del hombre, sujetándola con firmeza, le infundió fuerza y valor.

¡Desde afuera ya se escuchaban las sirenas de la policía acercándose!

En medio de todo ese caos, alguien inició un incendio dentro de la fábrica.

La temperatura se elevó de golpe y las olas de calor empezaron a sofocarlos.

Gracias a la protección del hombre, Ivana finalmente logró escapar del sótano.

Corrieron sin detenerse hasta la salida de la fábrica, donde ella cayó de rodillas, completamente agotada.

El hombre negó con la cabeza y, cuando el paramédico tocó su herida por accidente, dejó escapar un leve siseo de dolor.

—Ese disparo sonó a una reliquia vieja. Seguro es un arma que alguien guardó desde la época de los conflictos armados. Aunque las leyes de control de armas son muy estrictas en el país, siempre quedan algunas escondidas de aquellos años oscuros, remanentes de las guerrillas. Simplemente no esperaba que Hugo la sacara hoy.

El fuego en la parte trasera de la fábrica crecía, por lo que la policía solicitó más camiones de bomberos.

Ivana finalmente logró recuperar el aliento. Quería acercarse a agradecerle al hombre que la había salvado.

Cuando llegó a su lado, él se quitó la mascarilla. Tenía la nariz recta, los labios bien definidos y una fina capa de sudor en la frente.

Sus facciones no eran perfectas, pero su piel trigueña y su semblante transmitían una innegable rectitud.

Sus ojos brillantes también se fijaron en Ivana.

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