—¡No puedo creer que seas tú!
El rostro de Ivana se iluminó de alegría. ¿Acaso no era el mismo hombre enmascarado que la había rescatado en la fábrica?
¡Qué coincidencia tan increíble que fuera amigo de Gilda!
Gilda se puso de pie y lo señaló.
—Él es Liu Fei. Supongo que ya tuvieron el placer de conocerse, ¿verdad?
Ivana se apresuró a responder.
—¡Conque te llamas Liu Fei! Nunca tuve la oportunidad de agradecerte por lo que hiciste. Pase lo que pase, ¡la cuenta de hoy corre por mi cuenta!
Gilda, que amaba el drama y la acción, la obligó a relatar cada segundo de la angustiosa experiencia en la fábrica.
Ivana, para no arruinarle el momento, comenzó a contar la historia.
A pesar de que su tono era bastante tranquilo, Gilda la escuchaba fascinada, como si viera una película.
De pronto, Gilda levantó la mano y le dio un puñetazo amistoso en el hombro a Liu Fei.
—¡Te pasas, amigo! Cuando Ivana me avisó, publiqué en mis redes sociales preguntando si alguien andaba por Estival. ¡Incluso les mandé mensajes directos a todos mis amigos policías! ¿Por qué demonios no me dijiste que estabas ahí?
Liu Fei parecía más que acostumbrado a su forma de ser.
—Estaba en medio de un operativo. Si te hubiera dicho mi ubicación, no habría sido un simple chisme, habría sido una fuga de información clasificada. ¡Me habrían despedido!
Ivana aprovechó la pausa para observarlo con más detalle y notó que los tatuajes que llevaba aquel día habían desaparecido por completo.
Recordó haber escuchado en la comisaría que aquel caso había sido un operativo conjunto entre varias divisiones. Era lógico pensar que Liu Fei había sido trasladado temporalmente para la misión.
Ivana soltó un bufido sarcástico, bajó la vista para darle un sorbo a su jugo y cambió de tema de inmediato.
—Por cierto, Gilda. Escuché a tu hermano decir que te peleaste en un bar y que saliste lastimada. ¿Qué fue lo que pasó?
Gilda golpeó la mesa, furiosa, al recordar el incidente.
—Los golpes son lo de menos. ¡Ese infeliz tuvo el descaro de hacerse la víctima! Llamó a la policía y casi me arrestan a mí. El muy cerdo aprovechó el tumulto para agarrarme, ¡qué poca vergüenza!
—Menos mal que había cámaras de seguridad. Te juro que si la policía hubiera tardado cinco minutos más, ¡le habría dejado la cara como un mapa!
Ivana entendió por fin la situación. Era cierto que en ese tipo de lugares uno se encontraba de todo. Estuvo a punto de aconsejarle que tuviera más cuidado, pero el semblante de Gilda se volvió serio de repente.
—Ivana, la razón por la que te pedí que vinieras es por algo importante. Gracias al caso de la fábrica, Liu Fei recibió un reconocimiento y lo acaban de trasladar oficialmente a la comisaría central de la ciudad.
—Así que pensé... ¿Crees que podría echarle un vistazo a tu caso de hace cuatro años? ¡Tal vez pueda ayudarte a limpiar tu nombre!

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