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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 341

Ivana acababa de cenar con Gilda y había regresado a la villa.

Como ese día le habían pagado su bono, le transfirió una buena cantidad de dinero a su madre y, de camino a casa, se encargó de comprar una caja de comida premium en lata para perros.

En cuanto Qian Sifang salió corriendo a recibirla moviendo la cola de un lado a otro, ella se apresuró a abrir la caja y servirle una lata.

Ver al perrito devorar la comida con tantas ganas la llenó de alegría.

En ese momento, sonó su celular.

Ivana miró el identificador de llamadas y rechazó la llamada al instante.

Pero, unos segundos después, Nelson marcó al número de Leandra, y la mujer no tuvo más remedio que acercarse y pasarle el teléfono a Ivana.

Ivana lo tomó con evidente resignación y respondió con tono gélido:

—¿Qué quieres?

—Estoy herido.

—Ah.

La respuesta de Ivana fue tan desinteresada que Nelson sintió un nudo en la garganta.

Acercó el auricular un poco más y repitió:

—Te dije que estoy herido. Me lastimé la mano. ¿No vas a venir a buscarme?

—¿Acaso no tienes chofer?

Nelson sintió una punzada en el pecho. En el pasado, ya fuera durante su noviazgo o en los años que llevaban casados, si él sentía el más mínimo dolor de cabeza o fiebre, ella corría a su lado de inmediato.

En épocas como la primavera, cuando los cambios de temperatura eran drásticos, ella siempre le preparaba ropa abrigada con anticipación.

Y de vez en cuando, le preparaba un té caliente con miel para evitar que se resfriara.

Especialmente si se lastimaba las manos, ella se preocupaba hasta la exageración.

Ella siempre le decía que sus manos estaban hechas para curar y salvar vidas, y que las cuidaría como a un tesoro.

Incluso, si estaban en casa comiendo fruta, ella le prohibía terminantemente tocar el cuchillo de cocina.

En aquel entonces, Nelson sentía que, siendo un hombre hecho y derecho, tanto mimo lo estaba ablandando, pero en el fondo le fascinaba sentirse tan protegido por Ivana.

¡Eso demostraba que a ella le importaba, que lo amaba con locura!

Pero ahora…

Nelson apretó el teléfono con fuerza, quedándose completamente mudo.

Ese día, que pareció eterno, fue un punto de quiebre en su vida.

Y, sobre todo, fue una herida que jamás sanaría en su corazón, una línea divisoria entre el cielo y el infierno.

Incluso cuando la policía llegó a la escena y se la llevaron a la estación para dar su declaración, ella seguía tratando de reconstruir todo en su cabeza.

¿En qué se había equivocado exactamente?

Recordaba que, desde que Yadira le había dicho todas esas cosas crueles, vivió con el pánico constante de que Nelson solo la viera como un simple reemplazo y que, tarde o temprano, la iba a desechar.

El miedo la consumía.

Esa inseguridad era como una cadena invisible que crecía desenfrenadamente desde lo más profundo de su ser y la asfixiaba.

Cada día, si Nelson tardaba un poco más en llegar a casa, su mente volaba: ¿Dónde está? ¿Con quién está? ¿Por qué no contesta mis mensajes? ¿Ya se cansó de mí?

Para ese entonces, ambos ya vivían juntos en Villa Nevada.

Cada vez que escuchaba el motor de un auto acercarse a la puerta, su corazón saltaba de ilusión, esperando ver esa silueta familiar de regreso a su lado.

Fue en esa época cuando se volvió posesiva y lo controlaba demasiado.

Sin embargo, toda esa angustia y esas dudas se desvanecieron cuando él le preparó una propuesta de matrimonio espectacular.

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