Ivana se quedó paralizada.
Nelson continuó preguntando: —Si no, ¿por qué te fuiste tan de repente?
Ivana respondió sin dudar: —¡Me fui porque has estado alargando esto y te niegas a darme el divorcio!
—¿Podrías dejar de mencionar eso? —Nelson tenía los ojos enrojecidos y la miró con dureza—. ¿Por qué te irías? Llevamos tantos años juntos, todo estaba bien...
La voz de Ivana subió de tono: —¿Todo bien? ¿Cómo tienes el descaro de decir eso? ¡En realidad, debí haber pedido el divorcio hace mucho tiempo!
—Desde el día de nuestra boda, tu actitud ya dejaba mucho que desear. Nunca imaginé que ni tú confiarías en mí. ¿Tienes idea de lo que se siente que todo el mundo te dé la espalda y estar completamente sola?
—Solo le creíste a Yadira. Si ustedes dos se quieren tanto, ¿para qué te metiste conmigo?
—La opinión de los demás me daba igual, pero lo que de verdad me destrozó, ¡fue tu indiferencia!
Nelson abrió la boca para justificarse.
—¡No digas nada! —Ivana respiró hondo antes de seguir—. ¿No querías saber quién era el hombre de la otra vez? ¡Se llama Fabio, es policía! ¡Le pedí ayuda para revisar el caso de hace cuatro años!
—La verdad es que hasta yo ya estaba a punto de rendirme, ¡pero fue Gilda! Ella sí creyó en mí. Después de tantos años, por fin alguien me cree.
—Qué lástima que sea mujer, porque te juro que si fuera hombre me enamoraría de ella. ¡Es mil veces mejor que tú!
El rostro de Nelson cambió de color, pero esta vez no la interrumpió.
—¿Sabes qué? Al principio, pensé que simplemente te habían engañado, que todo era un malentendido que dañó nuestra relación.
—Por eso me esforcé tanto en arreglar las cosas durante estos años de casados, ¡pero cambiaste muchísimo!
Al recordar ese día, los ojos de Ivana se llenaron de lágrimas. ¡Jamás olvidaría esa fecha!
Iba tan ilusionada a buscarlo con la prueba de embarazo en las manos, ¿y con qué se encontró?
Ivana se giró bruscamente para encararlo, dispuesta a reclamarle, pero se detuvo en seco.
Ya no quería volver a ser la loca histérica que rompía cosas y gritaba; ¡estaba harta de esa versión de sí misma!
Quizás cuando dos personas que no están destinadas a estar juntas se fuerzan a hacerlo, terminan convirtiéndose en lo que más odian.
—Antes me desvivía por intentar tener una conversación normal contigo y nunca cooperabas. Ahora ya me cansé. Ya no quiero hablar, ¡siento que es una pérdida de tiempo!
El rostro de Nelson palideció aún más. —¡Pues yo sí quiero hablar! Ese día estaba lloviendo y justo Yadira regresó al país para internar a Jaime en el hospital. ¿Me vas a odiar porque en la noche decidí llevarla a ella en mi auto en vez de a ti? ¡Pero si yo fui hasta la puerta a esperarte! ¡Fuiste tú la que se puso terca, no quisiste subir al auto y preferiste irte caminando bajo la lluvia con tu paraguas!

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