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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 397

Ivana no tenía la más mínima intención de escuchar sus excusas. Lo único que quería era apartar esa mano de su vestido.

—No me importa con quién haya venido, ¡y mucho menos me interesa! —replicó con frialdad.

Curiosamente, hablando del rey de Roma, este se asomó por la puerta.

Yadira pareció encontrarlos por casualidad y se acercó con un par de copas de champaña en las manos.

Llevaba un maquillaje muy sutil que resaltaba la delicadeza y vivacidad de sus facciones, otorgándole un aire de pureza indescriptible.

Se veía tan dócil y tranquila que despertaba compasión natural; era exactamente el tipo de chica que encantaba a la gente mayor.

Nelson estaba de espaldas al corredor, tapando casi a la mitad a Ivana, y para colmo, su mano no dejaba de jalarle el vestido.

El atuendo de Ivana ya era de por sí un poco corto, y al estar intentando apartar la mano de Nelson, a los ojos de cualquier extraño, la escena parecía extremadamente íntima.

—¿Qué hacen ustedes dos aquí? ¡En el salón todos están platicando muy animados! ¡Toma! —dijo Yadira, extendiéndole la copa de champaña a Nelson.

Ivana pensó que, con la llegada de Yadira, Nelson por fin la soltaría, o que al menos dejaría de arrugar su vestido nuevo.

Sin embargo, lejos de soltarla, Nelson aprovechó para rodearle la cintura y pegarla levemente hacia su pecho, ignorando por completo la bebida que le ofrecían.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó él.

Yadira se quedó un poco cortada y sus mejillas se tiñeron de rojo.

—Sí, un pequeño detalle. ¿Podemos hablar a solas?

Lo dijo titubeando, como si quisiera compartir un secreto íntimo o romántico con Nelson.

Ivana no estaba dispuesta a quedar atrapada entre ellos dos, haciendo el papel del mal tercio que estaba a punto de ser desplazada. Y mucho menos quería que las miradas curiosas o chismosas de los presentes se pasearan entre los tres. Solo deseaba alejarse de ese par lo más rápido posible.

Bajó la mirada hacia la mano de Nelson, que aún la tenía sujeta por la cintura.

—¿No escuchaste? Tiene algo que decirte a solas. ¡Si no me sueltas ya, voy a empezar a gritar para que venga la gente! ¡A ver quién pasa más vergüenza, tú o yo!

Nelson ni siquiera pestañeó.

—No lo harás —dijo, con absoluta seguridad.

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