Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 425

Nelson siempre había sido un hombre obsesionado con la limpieza, pero en ese preciso instante, aún con aquella camisa cubierta de polvo, estaba completamente concentrado en aplicar medicina sobre las heridas de ella.

Hubo un instante en que Ivana sintió que aquella escena se superponía con sus recuerdos.

Cuando estuvo hospitalizada en el pasado, el hombre también se había quedado velando junto a su cama, con la mirada llena de dolor y compasión.

Ivana forzó una leve sonrisa. Sentía un sabor amargo e indescriptible en el pecho, así que simplemente cerró los ojos y fingió no verlo.

Si ahora la cuidaba con tanto esmero, era solo porque se había convertido en una costumbre.

Pero, a veces, una ternura nacida de la inercia resultaba mucho peor que la frialdad absoluta.

Si fuera frío, al menos le permitiría odiarlo por completo.

Ivana estaba demasiado exhausta, sentía que cada hueso de su cuerpo le dolía, y sin darse cuenta, se quedó profundamente dormida.

Leandra dejó un vaso de agua fresca en la mesita de noche. Al darse la vuelta para salir, notó que en la espalda de la camisa blanca de Nelson se extendía una gran mancha roja y oscura.

—Señor, debería curarse sus heridas también.

Nelson solo murmuró un leve sonido afirmativo y se dio la vuelta.

Fue entonces cuando Leandra pudo verle bien el rostro. Tenía los ojos inyectados en sangre y lucía increíblemente demacrado.

Su mano izquierda se mantenía apretada con fuerza, como si sostuviera algo muy valioso.

Cuando Leandra sacó el botiquín de primeros auxilios y vio las quemaduras en la espalda de Nelson, dio un paso atrás, asustada.

—Señor, por favor, tiene que ir a un hospital para que le vean eso.

Nelson le hizo una seña para que solo le hiciera curaciones básicas.

Sin más remedio, Leandra comenzó a limpiarle las quemaduras de los brazos.

La mano izquierda del hombre descansaba de forma instintiva sobre su pierna. Entre sus dedos, asomaba un mechón de cabello.

Una vez que terminaron las curaciones, guardó aquel mechón de cabello en el bolsillo de su camisa, justo en el lugar más cercano al corazón.

Luego, volvió a vestirse y tomó un saco.

Leandra preguntó, preocupada: —¿Va a salir, señor? ¿Pero a esta hora? ¡Será mejor que espere a que amanezca!

Nelson negó con la cabeza.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado