Centro Médico Zavala.
Fuera del pasillo de la habitación 609, el llanto agudo de un niño rompió el silencio.
Jaime se negaba a dejarse inyectar. La enfermera había logrado distraerlo con un juguete para colocarle la vía, pero el niño giró la cabeza, se arrancó la aguja y le arrojó la almohada con fuerza.
—¡Dije que quiero salir a jugar! ¡No quiero estar aquí encerrado! ¡Quiero a mi papá! ¡Hace mucho que no viene a verme!
Yadira estaba de pie a un lado, un tanto desaliñada, con el cabello despeinado. Intentaba sujetar las piernas del niño que pataleaban sin control, mientras trataba de calmarlo.
—Jaime, pórtate bien. Papá está muy ocupado, ¡tiene que ganar dinero para comprarle juguetes a su campeón! Primero dejemos que te pongan el suero, y cuando papá esté contento, vendrá a verte, ¿sí?
—¡No! ¡Eres una mentirosa! ¡Papá ya no me quiere!
Jaime lloraba hasta tener el rostro enrojecido. Su alteración iba en aumento y no escuchaba razones.
Yadira miró el pequeño rostro de su hijo, cada vez más delgado por la larga hospitalización, y sintió una punzada de dolor en el corazón.
La enfermera a su lado no sabía qué hacer y ni siquiera se atrevía a acercarse.
Sin otra opción, Yadira sacó su celular y marcó aquel número tan familiar.
«...Lo sentimos, el número que usted marcó se encuentra ocupado...»
Volvió a marcar, una, dos veces, hasta que por fin contestaron, pero no fue la voz que esperaba.
—Hola, buenas tardes. Soy el asistente del Dr. Zavala. En este momento no puede atender llamadas. Si necesita algo, dígamelo y yo se lo comunicaré.
La voz al otro lado era educada, pero distante.
Yadira apretó el celular con fuerza y, finalmente, respiró hondo.
—¿Eres el asistente Joel, verdad? Soy Yadira Dimas. Jaime está haciendo un berrinche de nuevo y no quiere que le pongan la inyección. Por favor, dile a Nelson que al menos venga a verlo un rato. ¡Jaime siempre le hace caso!
—Ah, Yadira... este... El Dr. Zavala no se ha sentido bien últimamente y no ha venido al hospital. Lo siento mucho, ¡pero le pasaré el recado!
El tono de Joel sonaba arrepentido, pero cortó la llamada rápidamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado