De vuelta en su habitación, Ivana seguía sintiéndose intranquila.
Si era una marca internacional tan famosa, ¿por qué era tan difícil de rastrear?
Es cierto que había tomado otros analgésicos antes, pero solo una o dos pastillas ocasionales.
Ahora que había encontrado uno que funcionaba, seguramente tendría que tomarlo a diario hasta la competencia.
¡No podía arriesgarse!
Así que decidió que al día siguiente iría a hacerse un análisis de sangre. Quería saber exactamente qué contenía ese fármaco y si tomarlo a largo plazo era peligroso.
Durmió de corrido. A la mañana siguiente, llegó muy temprano al hospital con el frasco en su bolso.
El hospital público estaba abarrotado y los médicos iban de un lado a otro.
Pero apenas pisó la sala de espera, una voz chillona y desagradable perforó sus oídos.
—¡Huy, mira nomás! ¿No es Ivana? Perdón, quise decir... la señora Zavala.
Ivana se tensó de pies a cabeza y se giró lentamente.
Un joven médico con bata blanca se acercó. Parecía decente, pero esa sonrisa hipócrita en su rostro daba escalofríos.
—¿Ya te olvidaste de mí? ¡Soy Cristián Jurado! ¡Nos vimos el día de tu boda!
El rostro de Ivana palideció.
Cristián Jurado fue compañero de Nelson en la escuela de medicina y era un buen amigo de Yadira.
En aquella boda, él estuvo presente y fue testigo directo de la tragedia.

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