Tras un largo silencio, Nelson asintió en voz baja.
—Entonces te lo encargo.
Federico soltó una carcajada, recuperando su actitud relajada.
—¡Trato hecho! Y con el tiempo libre que te acabo de regalar, ¡más vale que me hagas un buen descuento en la factura médica!
En el fondo, Nelson sabía que debía aclarar ese malentendido lo antes posible.
De lo contrario, la situación seguiría creciendo como una bola de nieve y terminaría provocando una avalancha imposible de frenar.
Federico pensó que Nelson se pondría feliz, pero él seguía sin mostrar ni una sola sonrisa.
—¿Qué pasa? ¿Has estado peleando mucho con Ivana últimamente?
Con tan solo escuchar el nombre de Ivana, Nelson soltó un suspiro.
Negó con la cabeza.
—Todo lo contrario. Desde que la traje de Ciudad Estival ha estado muy obediente. Especialmente estos días, se la pasa tranquila en casa sin salir a ningún lado. Pero...
Pero esa actitud solo lo hacía sentir más ansioso.
Esa misma noche, al terminar su turno, Nelson condujo de regreso a casa.
Apenas entró, escuchó una voz hablando, acompañada de risas alegres.
Instintivamente, sus pasos se volvieron más suaves.
Vio a Ivana sentada en el sofá con las piernas cruzadas, frente a su celular apoyado en un soporte. La voz que salía de la pantalla era de Mariana Basurto.
Ambas parecían estar de muy buen humor.
—... ¿Has estado comiendo bien? Sé que estás muy ocupada con tu competencia. ¿Cómo van los preparativos? ¿Cuándo es?
Ivana sentía que estaba en su mejor momento y que por fin había recuperado la confianza. Estaba a punto de responder cuando...
Nelson, tras cambiarse los zapatos y dejar las llaves del auto, entró a la sala.
En el instante en que lo vio, la sonrisa que Ivana le dedicaba a la pantalla desapareció por completo.

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