Podía ingeniárselas para quitarle al marido, ¡pero frente a ese talento arrollador de Ivana no le quedaba más que morderse de envidia!
«Disfruta tu momento de gloria mientras puedas», pensó Yadira con una risa amarga. «Con tal de prepararte para esto, te habrás atiborrado de analgésicos. ¡Vamos a ver cuánto te dura la sonrisa!»
Ver a todos aclamando a Ivana fue demasiado para ella, así que decidió que ya era hora de irse.
Justo cuando se disponía a levantarse, notó algo extraño.
Vio a Ivana darse la vuelta de repente, con los hombros sacudidos por un fuerte espasmo, mientras se tapaba la boca con fuerza.
Fue solo un instante, pero a Yadira no se le escapó.
Ese movimiento de arcada le erizó la piel.
Se parecía demasiado a las náuseas que le había visto tener en la villa aquella vez.
¡Eran exactamente las mismas náuseas que Yadira había sentido cuando estuvo embarazada!
Habiendo dado a luz a Jaime, conocía mejor que nadie los síntomas de las primeras semanas de gestación.
¿Ivana... embarazada?
Yadira bajó los prismáticos de golpe, con los ojos abiertos de par en par.
«No puede ser...»
¡Nadie había dicho nada!
¡Imposible, es absolutamente imposible!
¿Cómo iba a estar embarazada Ivana así, de la nada?
Llevaba cuatro años casada con Nelson y nunca había pasado nada. ¡Seguro tenía problemas de fertilidad!
Si Ivana estuviera embarazada ahora, sería una verdadera tragedia para Yadira.
De por sí Nelson ya le daba largas al asunto del divorcio.
Si Ivana le diera un hijo a la familia Zavala, no solo no se separarían, sino que él la cuidaría todavía más.
Y para rematar, ¡seguro que Doña Daniela dejaría de menospreciarla!
Pero, un momento.

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