Nelson cerró los ojos, irritado.
¿Por qué todo tenía que ser tan inoportuno?
El departamento de urgencias había estado tan tranquilo los últimos días que hasta daban ganas de dormir, ¿por qué justo hoy tenía que ser un caos?
¡Parecía que el universo estaba conspirando en su contra!
Nelson dudó un segundo, pero regresó y arrojó las llaves del coche.
—¡Entendido, bajo en cinco minutos!
Le respondió a la operadora con tono áspero, colgó y volvió a ponerse la bata blanca.
En WhatsApp, el mensaje que había enviado ni siquiera tenía un minuto, así que lo borró para todos.
***
El torneo en el centro deportivo concluyó con éxito, y todos se trasladaron a un bar con terraza.
La empresa había reservado el lugar entero para celebrar la victoria de Ivana con una fiesta espectacular.
Ivana ya había enviado a su madre a casa, así que los presentes eran exclusivamente sus compañeros de trabajo.
Con música alegre de fondo, algunos bailaban junto a la piscina.
—¡Venga! ¡Un brindis por nuestra campeona! ¡Salud!
El gerente Wilson levantó su copa, animando a todos con entusiasmo.
La multitud hizo eco de sus palabras, e Ivana sonrió mientras alzaba su copa de champán.
Aquel día no solo festejaban un triunfo; también era una oportunidad perfecta para relajarse el fin de semana. Todos dejaron atrás el estrés del trabajo y se dedicaron a disfrutar.
En un rincón apartado, Sharon era la única que no levantaba su copa. Miraba a Ivana, rodeada por todos, con una mezcla de envidia y resentimiento.
¡Había estado segura de que ella sería la protagonista de esa noche!
Sharon respiró profundo, se armó de valor y caminó a paso firme hacia el centro.
Cuando se acercó, el bullicio disminuyó. Todos la miraron, curiosos por saber qué diría.
—Ivana —dijo Sharon con voz serena y expresión neutra.
Ivana la miró con cierta sorpresa.

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